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¿Cómo trabajar la desmotivación de los/as jóvenes?

Joven desmotivado en una clase¿Cómo me voy a levantar de la cama, si hace frío? Esto es lo que un adolescente dijo cuando le preguntaban por qué llegaba tarde a clase. Si nos encontramos ante una afirmación de esta naturaleza, lo más común quizá sería quedarse con cara de tonto o quizá ponerle a bajar de un burro ¿Qué grado de desmotivación puede tener un adolescente para llegar a tal razonamiento?

Pero quedarnos en esta anécdota sería obviar algo mucho más profundo y más complicado.

Empecemos por el chaval mismo y por la pregunta: ¿se quiere a si mismo?, es decir, hablemos de autoestima. En este caso concreto, se podría decir poco menos que tenía una visión de sí mismo muy negativa, no se creía capaz de hacer casi ninguna cosa bien, se tenía por torpe e incapaz, incluso cuando se iba a examinar para el teórico del carné de conducir, él estaba seguro de que no iba a aprobar e incluso se sintió sorprendido de haberlo aprobado.

Joven desmotivado en una claseNo había conseguido terminar nada, le habían expulsado del colegio, le habían expulsado del CIP y él lo veía como un fracaso personal, había adquirido el rol de “fracasado” lo que le metía en la dinámica del ¿para qué voy a…?, es decir, ¿para qué voy a … ir a clase si no me entero de nada?, ¿para que voy a presentarme al examen de conducir si no voy a aprobar?, ¿para que voy a buscar un trabajo si no me van a coger?…

Como vemos este es un pesado lastre con el que es difícil lidiar una vez entrados en esta dinámica, pero, ¿de dónde procede esta actitud? Por un lado, puede proceder de consecutivos fracasos en diferentes cuestiones; no obviemos que hay personas que son poco hábiles en algunas actividades, lo cual no quiere decir que no lo sean para otras, pero a veces les cuesta encontrarlas o no las valoran ya que es una tendencia común el resaltar lo negativo más que lo positivo, los fallos antes que los aciertos.

Por otro lado, en muchos casos nos encontramos con un factor familiar, al que a veces también contribuyen los docentes; “la profecía autocumplida” o “efecto pigmalión”. Este hecho tiene su origen en la manía social de que hay de etiquetarlo todo, tú eres el listo, tú eres la graciosa, tú eres el payaso, tú la tonta, tú eres un incapaz… y claro, esto repetido hasta la saciedad y sobre todo por personas que son un referente, como los padres o los/as profesores/as, acaba por hacer que realmente el/la adolescente se crea tonto/a o incapaz o gracioso/a sin que realmente lo sea o, por lo menos, no tanto, respondiendo así a las expectativas que los demás proyectaban sobre él/ella.

Y entonces la pregunta que implícitamente se hará más el/la adolescente, retomando el ejemplo que poníamos al principio será ¿para qué voy a levantarme?, ¿para qué voy a ir al CIP?, ¿para qué voy a estudiar? Si soy un fracasado, un incapaz… y se quedará en la cama.

Ascendiendo un poco para tomar una perspectiva más amplia, topamos con la sociedad y más concretamente con la sociedad consumista. Los/as jóvenes se acostumbran a comprar, a tener, a que todo se limite a pagar, a tenerlo todo de forma fácil. De este modo, pierden la motivación por el esfuerzo y por tanto adquieren un rol pasivo ante la vida, no son útiles, no son nadie, no creen en su poder y entran en una dinámica autodestructiva.

La cuestión es que demos a los/as jóvenes la oportunidad de ser alguien, la oportunidad de ser útiles, de hacer por sí mismos/as, de equivocarse. Muchas veces, resulta más fácil repartir dinero a diestro y siniestro y apartar el problema, reduciendo nuestra dedicación al adolescente al gesto de sacar dinero de la cartera.

La cuestión es dar a los/as adolescentes responsabilidades, que en un principio pueden ser pequeñas, pero que puedan responsabilizarse de algo. Lo ideal es hacerlo desde pequeño, progresivamente para que se vayan responsabilizando de pequeñas cosas y tomen conciencia de que son capaces de hacer cosas por si mismos/as. Démosles la oportunidad de sentirse útiles, de ser alguien, porque no se es teniendo, comprando…Se es haciendo, viviendo, siendo.

¡Quién no habrá oído la frase! “pero si le hemos dado todo, no entiendo de que se queja”, pero siempre nos solemos referir a cosas materiales, como ropa, videojuegos, el último modelo de móvil, pero…¿les hemos dado la oportunidad de ser útiles?

Finalmente, esto no puede ser un acto puntual, si no una línea de actuación; el/la adolescente no tiene que ver este acto como una prueba (“si no llevas acabo de forma satisfactoria esta empresa , no te quejes de que no te de más”), tiene que ir más por el camino de la confianza, que sienta que le creemos capaz de realizarlo.

Entonces, cuando se levante y se pregunte a si mismo para qué voy a levantarme quizá piense: porque quiero aprobar para ser profesor, porque me gustaría enseñar y además creo que lo puedo hacer bien y lo hago por mí y además la gente que me rodea cree en mí.

¿Cómo no me voy a levantar de la cama si quiero ser útil?