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Diario de un Educador: Prólogo

PasosSer educador. Tantas, cuántas veces me he preguntado qué significa. En estos años de experiencia, me he cruzado en mi caminar con múltiples historias que atesoro en mi ajada mochila de educador. Cada una conserva su cara, en alguna apenas se distinguen ya los rasgos, en otras, sin embargo, parece que ayer mismo las introdujera en mi memoria, nítidas y de mirada precisa.

El mundo es muy pequeño. Sí, es una manida frase que, más o menos, todos hemos pronunciado alguna vez y, en estos años, he visto muchos tipos de educadores y educadoras que deambulaban por esta avenida atestada de tráfico que es la vida.

Educadores motivados, impacientes educadoras, desmotivados otros, ojo avizor otras, de mente abierta algunas, de mirada interrogativa tantos, de pies en polvorosa más de los que creía, de corazón musculoso las que nunca hubiese pensado, de inconformidad, de paso firme, de firmeza sólo de cáscara, de frustrados sueños, de sentimiento de soledad, de noche tras noche sin pegar ojo…, educadores, educadoras, historias, caras, manos tendidas, zancadillas ocultas, pura vida, pura realidad, real historia de un educador.

Aquí empieza el testimonio, negro sobre blanco, del caminar de un educador por esa avenida tan atestada de gente.

Él sólo es uno, pero sus pasos son los de tantas, su mirada son tantas miradas… quién sabe si una de ellas no será la tuya, tú que lees estas líneas. Estoy seguro de que hallarás muchos rastros de tu propio caminar que te ayuden a recordar tus pasos y pensar hacía donde te diriges.

Pero ahora, he de callar mi voz escrita y ceder el protagonismo a nuestro educador…a tí misma, a tí mismo, ¡veamos dónde comienza todo!…