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Diario de un Educador: “Tengo una entrevista”

Entrevista de trabajoQue nervioso estoy, casi no he dormido, vuelta para la derecha, vuelta a la izquierda, boca arriba, sube el brazo, no, mejor bájalo, dobla la pierna, media vuelta, coge aire…, debo dormir, mañana debo estar con todos los sentidos…, ¡no hay manera! Vuelta al baile de vueltas, brazos, piernas, resoplidos y bucles de ideas, una y otra vez, una y otra vezzzz…

Me levante con un horrible dolor de cabeza, ¡ahhgg, mira que careto!, hoy tenía mi primera entrevista desde que termine educación social. Una amiga mía de la carrera, María, me había conseguido el número. Todo fue fruto de la casualidad, porque hacía mucho tiempo que no la veía, más o menos tres años, cuando acabe la carrera. Nos vimos y como si hubiésemos compartido pupitre el día anterior mismo, nos saludamos efusivamente y tuvimos una conversación típica de excompañeros de clase, es decir, hablamos de todos y todas las compañeras de las que tuviéramos noticias, como si al encender el ordenador, éste nos pidiese permiso para actualizar el programa de antiguos alumnos de educación social.

Intercambiamos los teléfonos, con la promesa de que organizaríamos un encuentro de viejas glorias y ella me dió el teléfono de una asociación, ‘Educom’ que, según parece, se dedicaba a gestionar comedores escolares, ofreciendo además talleres y toda una serie de recursos educativos. En principio, no parecía un gran trabajo, pero yo estaba un tanto oxidado y necesitaba ejercitar mis músculos educativos. Así que decidí que ‘Educom’ podía ser un comienzo tan bueno como otro cualquiera. Nunca sabes que envoltorio tendrá la suerte.

Así que finalmente y no sin poder evitar un nudo en el estómago, llamé y concerté una entrevista para el martes a las 12:30.

¿Por dónde iba? ¡Ah sí! Me metí de cabeza a la ducha comenzando con agua fría, helada, que en un principio pareció despejarme un poco, pero que poco después dió paso a un dolor de cabeza más afilado, dolor que se diluyó un poco a medida que el agua empezó a templarse. Me mantuve bajo los hilos de agua, intentando dejar la mente vacía de palabras y, a duras penas, lo conseguí. Me seque frotándome el cuerpo fuertemente, frotando la toalla contra la piel como una correa en su engranaje, me calenté un café y acto seguido, me tragué un paracetamol que, al de un tiempo, calmó en cierto modo el dolor, pero en ningún caso los nervios. ¡Vamos, es sólo una simple entrevista!

Los minutos trascurrieron como una película en v.o.s de esas que ponen en los videoforums a los que acuden supuestos amantes del cine, insufriblemente lentos, no paraba de sudar, incluso pensé en volverme a duchar, pero deseche la idea, me tome un cola-cao, por pasar el tiempo, repasé mi curriculum, en lo alto, presidiendo el ejército ordenado de letras, estaba yo mismo con una camiseta verde “heineken” y una mirada un tanto pícara, ¿en qué estaría pensando?…

Eran las 11:30 pero yo ya no aguantaba más entre los muros solitarios de la casa de mis padres, así que decidí acercarme al barrio dónde tenía la entrevista. Para ello, debía coger el metro y pararme al de siete paradas, lo qué calculaba que me llevaría unos 20 minutos. Siendo así, llegaría muy pronto, pero bastante nervioso estaba como para que sucediera cualquier imprevisto. Me cercioraría de dónde era el sitio exacto donde tenía la entrevista y daría un paseo.

El metro no dio ningún susto a mi agitado corazón y a las 11:49 ya estaba subiendo por las escaleras mecánicas. Pronto di con la puerta que pronto traspasaría, la cual me pareció sencilla e inexpresiva. Aún quedaba media hora, así que decidí tomarme un café en una tasca que había justo en frente. Pésima idea, porque nada más dar el primer sorbo, una jauría de retortijones iniciaron una danza de contracciones espasmódicas que me empujaron directamente a la taza mugrienta y sin tapa del único baño del local.

Sin poder terminar la taza de purgante, con los recuerdos de los retortijones y un nudo cada vez más evidente, me planté delante de la puerta, eran las 12:27, respiré hondo, cerré los ojos, volví a respirar hondo, notando que mi respiración se entrecortaba, abrí los ojos y pulsé el timbre con el índice izquierdo. Casi instantáneamente, la puerta se abrió. Sin darme tregua alguna, di un paso al frente…

(Continuará)