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Conflicto
La palabra conflicto nos da miedo. Reconozcámoslo. Siempre o casi siempre la usamos calificando con ella situaciones negativas o asociándola a algo anormal que queremos evitar a toda costa.
Negar esta evidencia serÃa hipócrita por mi parte. Aún asÃ, sin querer dármelas de apocalÃptico, vengo a defender el conflicto como algo connatural, inherente a la propia naturaleza humana y algo que, desgraciadamente, no sabemos gestionar bien.
El conflicto surge en cualquier momento de la vida y, en muchos casos, gracias al mismo avanzamos como personas y seres humanos.
La clave radica en saber gestionarlo. La clave radica en que nosotras y nosotros, como Educadores Sociales, debemos enseñar a nuestras familias, jóvenes, colectivos de todo tipo y a todo el largo etcétera que abarca nuestra profesión a enfrentarse a él de una forma adecuada, no reforzar que se siga evitando.
La gestión pasa por entenderlo y verlo. Una de las primeras técnicas que aprendà trabajando con grupos de adolescentes fue la de generalizar el conflicto. Si un chaval o chavala estaba teniendo un comportamiento disruptivo en el seno del propio grupo, yo trataba de provocar o canalizar este comportamiento como un conflicto que afectaba a todo el conjunto.
Es decir, el clásico y manido “mientras Fulanito no ceje en su empeño de dejar de cantar mientras los demás hablan, nadie saldrá a comprar chucherÃas…” (perdón por el ejemplo, sé que puede haber sido un poco cutre)… Bueno, más menos lo pilláis o lo recordáis, ¿no?
SÃ, y sé que en estos casos muchos chavales te pueden saltar con un rebote clásico en el que defiendan que ellos o ellas digan que no han hecho nada y quen no se merecen ese castigo… Pero aquà lo que se pretende es el bien común y, para ello, hay que implicarse, coger el toro por los cuernos y capear con el conflicto.
Unidos y a través de buenas formas (llámense diálogo, debate,…) Fulanito dejará de cantar.
En fin, no sé, más o menos esto querÃa exponer, más que nada porque me apetecÃa agradecer a toda la gente que trabaja en el ámbito de la Educación por la Paz que ellas y ellos me hayan hecho conceptualizar asà la dichosa palabrita, de forma que ahora no la veo tan negativa.
Por cierto, ojalá determinados mandamases comenzarán a interiorizar el conflicto desde este punto de vista.
Publicada por: lucce
el 2 dUTC Abril , 2007
Categoria: Reflexiones, Técnicas






3 Comentarios Añade tu comentario
1. el encapuchado naranja | 3/04/2007 a las 10:52 pm
Hola! Un placer encontrar un blog escrito por educadores sociales!
Respecto al tema del post. Entiendo a dónde quieres llegar con el ejemplo, pero mi experiencia personal con adolescentes en centros me lleva a pensar que en muchas situaciones ellos ponen por delante el sentido de la justicia al de la autoregulación del grupo.
La solución les parecerá injusta, pero es verdad que como dices, quizás a la larga el grupo comience a autoregularse (cuando se cansen de comerse los marrones de otros).
2. lucce | 4/04/2007 a las 12:00 pm
Lo 1º darte las gracias, encapuchado por dejarte caer por aquÃ. Y lo 2º que, en efecto, lo más habitual y, en cierto modo legÃtimo y sano, es que las chavalas y chavales demanden justicia cuando se ven atacad@s por el comportamiento de otro. Pero claro, para eso estamos, ¿no?, para hacerles ver que lo entendemos pero que de todas y todos depende que las cosas funcionen.
Un saludo!!
3. EducaBlog, Blog sobre Edu&hellip | 5/06/2007 a las 9:11 pm
[...] Hoy me ha venido a la cabeza la entrada que hice analizando el Conflicto. Hoy la he recordado porque me he acordado del sitio en el que me despertaron una profunda reflexión acerca de este concepto. Ese lugar fue el Palacio de Congresos Europa de Vitoria, en el marco de unas jornadas de Educación para la Paz. [...]
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