Tags

Related Posts

Share This

Tengo un chico de prácticas:

Vaso de caféEl otro día, mi coordinadora toco mi puerta y sin más preámbulos, me dijo que la semana siguiente empezaba un educador de prácticas y que me tendría que encargar de él por una temporada.

En un principio, me pilló un poco de sopetón y solté un lacónico “vale”, pero luego, no pude reprimir el pensamiento “¡valla marrón!” Y es que, quieras o no, el tener a alguien a tu cargo, siempre requiere responsabilidad. En un principio, puedes optar por la actitud de “mutis por el foro” y pasar olímpicamente del “chico de prácticas”, dándole toda clase de memorias y proyectos, densos a más no poder, interesantes en un 1% y educativos en una medida inapreciable, ¡vamos, hacerle perder el tiempo! O por lo menos, ocuparlo con algo no muy útil que digamos y más cercano a lo usual en una carrera académica que a unas PRÁCTICAS.

Es una opción, bastante cómoda por cierto. El secreto está en inventar todo tipo de excusas, de evasivas o falsos argumentos, táctica ésta, que con un poco de práctica podremos dominar a las mil maravillas y que incluso nos reportará cierta satisfacción, equiparable a la de un trilero cuando nos engaña con el juego de los cubiletes.

Toma, Ander, ahí tienes los proyectos educativos, estúdialos con atención, ya que en ellos encontrarás muchas claves para tu acción educativa.

  • Toma Ander, estos libros de actividades. Mira cuáles podrían usarse con chavales con problemas de integración.
  • Ander, podrías ordenar los materiales y libros, así podrás descubrir el génesis de nuestra labor educativa.
  • Ander ¿podrías hacerme estas fotocopias?… ¿Me traerías un café, majo?

Incluso al escribir estas líneas, me veo tentado a utilizar a mi “chico de prácticas” con fines egoístas, aunque netamente útiles. Así no sería una carga, así sería un beneficio, ¡UMMM….!

Pues va a ser que no, porque que le vamos a hacer, pero uno es un ser con una conciencia férrea que no le deja más que levemente imaginar, ¡lastima!

Y es que todos y todas hemos pasado por el periodo “chic@ de prácticas”, y no puedo evitar recordar lo agradecido que me siento con algun@s y lo…. Con otr@s, vamos que no valgo, me falta morro y además no lo puedo evitar, incluso disfruto con mi “chico de prácticas”, viendo como observa, como se esfuerza, como tropieza, como pregunta sin sentido, como suelta de pronto una idea brillante…

Esto debe de ser más o menos lo que siente un padre o una madre al observar a su pupilo andar, tropezarse…al final, nos vemos reflejados a nosotros mismos y no podemos dejar de emocionarnos por la nostalgia.

Así que yo, el año que viene repito…

Firmado; “Un ex-chico de prácticas”