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La Implicación del Educad@r Social

StopRecuerdo que cuando escribí la entrada en la que hablaba sobre lo de mantener una distancia en nuestras intervenciones con nuestros usuari@s, exponía la dificultad de ese hecho.

Pero hoy, tras varias conversaciones con compañeras en las que hemos repasado anécdotas de unos cuantos años de experiencia en este mundillo, vengo presto a calificar la excesiva implicación como un error.

Reucerdo que mi querida compañera Mer (un besazo, tronca!!) decía que “si no tuviéramos la capacidad desarrollada de la empatía sería muy dificil poder llevar a cabo el trabajo de lo social”. Y sí, es verdad, pero insisto, no sobreempaticemos.

El otro día una compañera recordaba como ella, trabajando en un piso con menores en acogida, se implicó en exceso: les dió su número móvil particular a dos de sus chavales, se quedó tres días de 24 horas seguidas en el piso sin ir a su propia casa por ellos, etcétera. El problema de esta educadora, que ahora reconoce, es que se omnubiló de tal manera que ya no era capaz de aplicar medidas educativas con ellos. Había dejado de ser educadora para plantarse como una figura mucho más cercana, figura que, en realidad y con total seguridad, nunca podría ser realmente, no sé si me explico.

Aparte de esta parte digamos más… técnica, su sobre-implicación le acarreó consecuencias más digamos… ufanas; el caso es que cuando su coordinadora o coordinador le hizo ver su postura y ella ya se “relajó”, seguía recibiendo llamadas a su número personal en el que los chavales en cuestión la seguían demandando, llamándole a horas fuera de su horario laboral, mientras ella estaba con sus amigas o con su novio, permitiéndole, como comprenderéis, no desconectar del curro.

La situación tocó techo cuando, estando su padre ingresado en el hospital y ella visitándole (insisto, el padre de la educadora), allí que se presentaron los dos menores para acompañarla, ante la atónita mirada de nuestra protagonista.

Ahora mismo no sé muy bien cómo acabó la historia, pero mi compi lo recuerda con una sonrisa en la boca, reconociendo que lo llegó a pasar un poco mal.

A mí me pasó una historia parecida, con otro tipo de usuario muy diferente, de la cual otro día les contaré (además me apetece escribir sobre él, nunca lo he hecho), pero que, al fin y al cabo, viene a corroborar también lo equívoco de una sobre-intervención o la sobre-implicación.

En ambos casos, tanto como ella como yo, éramos unos semi-pubertos, je, con ganas de cambiar el mundo y todo eso, je, y creo que es en esos momentos cuando más se pueden dar este tipo de episodios. Al final el paso de los años es el que te va demostrando aquello que nos decían en la uni de que hay que dejar clara la posición entre educador y educando.

Espero que mi argumentación no haya sonado excesivamente fría o poco humanizada pero, de verdad, creo que es así. Y además, lo cortés no quita lo valiente y, parafraseando de nuevo a la amiga Mer, “querámoslo o no, esta profesion requiere, en gran parte, sensibilidad y, de vez en cuando, saltarse la norma y la burocracia es necesario”.

Pues eso, pero recuerden: no abusen, je.