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Diario de un Educador: La Extraña Firma del Contrato

La extraña firma del contratoEra Javi, él que había estado en un segundo plano en la entrevista anterior. Su gesto no había cambiado respecto a nuestro primer encuentro y su expresión seguía siendo tan plana como un salva slip. Miraba hacia el suelo la mayor parte del tiempo, esquivándome como si mi visión le molestase tanto como el sol de verano. Además del hecho de que las sonrisas parecieran aún completas desconocidas en su rostro. No habló en todo el trayecto del pasillo, que se me hizo más eterno que una procesión de semana santa.

– Siéntate Alex – tras unos segundos eternos de silencio – Aquí tienes el contrato, puedes leerlo si quieres y tienes que firmar todas las hojas, ¿de acuerdo?
– De acuerdo, pero antes querría comentarte alguna duda… – Me quedé esperando una respuesta que no llegó. Intuitivamente comprendí, que debía interpretar su inexpresiva faz como una expresión de espera.
– Me gustaría saber un par de cosas que se me olvidaron…Por un lado, ¿cuál es el sueldo que voy a cobrar? Y por otro, ¿Cómo va el tema de las vacaciones? ¡ah! ¿y como va o si hay pagas extras?
– (Arrugando levemente el ceño) El sueldo es de 350 euros al mes, incluyendo las pagas prorrateadas y las vacaciones van en consonancia al curso escolar.

Lo dijo todo de carrerilla, sin mover un músculo, como si fuese un casete reproduciendo una grabación mil y una vez rebobinada.
Yo no iba a conformarme con tan somera explicación y aunque tenía cierto reparo de seguir preguntando, no quería quedarme con la sensación desagradable del día anterior, así que cogí aire y seguí preguntando.
– Perdona, pero…¿qué significa eso de prorrateada?
– Que las pagas se reparten entre todos los meses

Entonces, quiere decir, que se maquilla el total que cobró todos los meses ya que no tengo pagas extras, ¡Pues vaya!

-Y…, lo de las vacaciones, ¿cómo va? ¿no tenemos la posibilidad de elegir algún día?
– En principio, tenéis el derecho de elegir algún día, pero ten en cuenta que nos regimos por el calendario escolar y toda la gente suele entenderlo y amoldarse al mismo, sino no podríamos funcionar.

Vamos, que tengo que coger obligatoriamente las vacaciones cuando me lo marquen.

No cambió la expresión de Javi, si acaso, su cara expresaba aún más vacuidad.

Bajé la cabeza y fui leyendo los diferentes párrafos (…) Empresa; Asociación Educom… La persona contratada prestará sus servicios como EDUCADOR INFANTIL… La jornada de trabajo será a tiempo parcial… 13 horas… la distribución del tiempo de trabajo será de 12, 30 a 15,00 H Más 30 MIN, semanales de preparación (…)

La verdad, no me aclaraba mucho, las palabras se ordenaban una detrás de otra en frases acotadas por símbolos de puntuación, formando una estructura coherente que mi cerebro no lograba traducir más que a grandes rasgos. Sólo me fijé en un par de detalles, como son la categoría profesional, el número de horas semanales y la cuantía del sueldo. Podría decirse, que eso fue lo único que saqué medianamente claro.

Casi sin tiempo para descifrar el jeroglífico-contrato, Javi me metió prisa:

– Qué, ya has terminado
– ¡eh! Si…
– Bueno, entonces, firma las hojas, los originales y las copias.

Me vi a mí mismo firmando autógrafos cual estrella de cine, pero sin flashes y con un reducido club de fans integrado por un solo miembro, ese ser vacío, cual animadora de cementerios un día de lluvia.

No pude retener un ¡uff! Al vislumbrar tal panorama y con mano ágil, fui garabateando todas y cada una de las hojas.

Firmada la última, se las entregué a Javi y éste, sin levantar la vista, las separó en dos montones con total pulcritud, pasándome uno a continuación.

Después de unos eternos segundos, pregunté:

– ¿Cuándo empiezo?
– El próximo lunes, ven a las doce para estar con el coordinador, que te explique un poco como va todo y que te presente a tus compañeras.

Y, sin más, soltó un lacónico “adiós” casi como una espiración, que sin querer, habría tomado forma de palabra y bajó la vista perdiéndose en su lejano mundo, vacuo y en sus gestiones del club de fans de nadie en el país de ninguna parte.

No pude por menos que sentirme aliviado una vez que la puerta se cerró tras de mí. El cielo estaba tapizado de nubes blancas aquí y allá, respiré hondo y automáticamente me llevé la mano al bolsillo. Antes de darme tiempo a pensarlo, estaba llamando a Maria, necesitaba contarle a alguien cómo había ido, mis sensaciones y la extraña estampa de Javi, ¡vaya tipejo!

Al Otro lado de la línea, oí una respiración ligeramente entrecortada, agitada…

– Alex, ¿Eres tú?
– Si, el mismo, mismamente.
– Oye, que ando con un poco de prisa.
– Tranquila, era para comentarte qué tal me había ido lo del contrato. Si quieres podemos quedar para tomar unas birras y comentamos la jugada.
– Me parece muy bien, ¿Cuándo?
– ¿Esta tarde?
– OK
– ¿Hora y lugar?
– ¿Qué tal en la cafetería “Encuentros” a las cinco y media?
– Me va perfecto. Oye ¿pero has firmado?
– Si, si. Ha sido un poco raro, pero ya me he subido al barco de Educom.
– Espero que te vaya bien, luego me cuentas ¿vale? Me voy pitando.
– De acuerdo, y no te estreses mucho, guárdame alguna fuerza para luego…
– …tranquilo, yo siempre te guardo una reservita. Hasta la tarde Alex.
– Hasta luego

Sin pensarlo mucho, había decidido a quién llamar primero. María era el nombre de mi próxima estación, no sabía si era a la que quería llegar, pero ya había salido el tren y no quería bajarme en plena marcha. ¡Qué nervios!, un nudo empezó a apretar mi estómago, pero no había de esconderme, ¡Allá voy! Próxima estación, mi María.

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