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Pido para Educar

Pido para EducarEstando callejeando, como tanto me gusta hacer, me encontré con un mendigo, con su consiguiente cartel-etiqueta: “Pido por mis hijos, no tengo trabajo”.

Cualquier otro día, no le habría prestado especial atención, pero como llevo una temporada un poco sensibilizado con el tema del dinero, gastos, presupuestos… Me explico. Últimamente me están presionando en el trabajo con temas de gastos, ya que según parece, en algún proyecto, debo estar gastando más de lo que la entidad ingresa por tal concepto.

La cuestión es que yo adapto mi horario al proyecto para sacarle chispas en las escasas 15 horas que puedo dedicarle al mismo. Para ello, como me tengo que desplazar de un lado a otro ya que es un municipio muy disperso, los gastos en desplazamiento salen bastante elevados.

En este sentido, si alguien observara la situación fríamente, convendría en que habría de ajustarse los gastos a los ingresos. Pero en realidad, me parecería una temeridad hacer un análisis tan somero de un proyecto de índole social en el que, si recortamos los gastos (que de por sí son escasos) se verá considerablemente afectado; es más, las usuarias y usuarios se verán afectadas, ya que, a mí, al menos, son ellos y ellas los que más me preocupan.

Yo tengo claro que trabajamos por y para personas y debemos tener cuidado con esta visión de empresa y sostenibilidad en referencia a ajustar gastos e ingresos, ya que podemos perdernos en un bosque de cifras que no nos dejen ver el fin último de nuestro trabajo.

¿Sostenibilidad? Sí, pero algo más que económica. ¿Calidad? Si, pero calidad de servicio a las personas, no sólo eficacia en la gestión económica.

Ante esta situación, yo me planteé darle la vuelta y comentarles que si queríamos mantener la calidad de la intervención, si queríamos que el servicio no se viera dañado, deberían renegociarse las condiciones para adaptar, en todo caso, las necesidades económicas a la realidad y no a la inversa, ya que es un proyecto que lleva casi cinco años en funcionamiento. No es un bebé que recién acaba de empezar a andar.

Dicho esto, no me pusieron muy buena cara, ni tampoco muy buena disposición. Parece que sería más fácil que yo me adaptara a las limitaciones económicas, que ellas tuvieran que renegociar las condiciones del contrato.

No sé qué es lo que pasará, pero no me huele muy bien y la verdad es que ya estoy buscando alternativas. Había pensado en irme a una calle céntrica y como el mendigo que vi el otro día, sentarme sobre los duros adoquines detrás de un cartel en el que se lea:

“PIDO PARA EDUCAR”

PD: Si tenéis alguna idea mejor para el slogan de mi cartel, se aceptan sugerencias.