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Diario de un Educador: Próxima estación…

Vía de TrenComo los vagones pasan frente a tu cara cuando esperas otro tren que aún no ha llegado, así pasé las escasas horas que me separaban de María, un tanto nervioso, un tanto temeroso, sin querer pensar que significaba para mí, o más aún, que significaría para ella. Yo a lo mío, fijé la mirada en la sucesión de trenes imaginarios que cruzaban perpendicularmente mi campo de visión y me sumí en un vacío extraño, impaciente…

Implacable, el tiempo me despertó con su pitido intermitente de segundos superpuestos y con ello, los nervios, los miedos, todos ellos, volvieron a estar donde realmente siempre habían estado. El reloj marcaba las cinco y cinco. Respire hondo y salí de casa, dirección Café Encuentros.

Al final, después de tantas prisas, llegué diez minutos antes y decidí instalarme en la barra y templar un poco mis nervios con una cerveza bien fría. Tras unos tragos, me tranquilice un poco, el reloj marcaba las 17: 25. Empecé a pensar el reto que iba a suponer el trabajo.

Ciertamente, en la facultad no había aprendido gran cosa, de hecho todo me parecía de cartón piedra, era como si se tratase de una carrera piloto y nosotros fuésemos los conejillos de indias que pagasen la inocentada. Había pasado tres años estudiando Educación Social, y aún así, no tenía claro cuál podría ser mi función en la sociedad más allá de algunos prejuicios de débil andamiaje. Es triste, pero así me sentía. Si lo piensas bien, no era un trabajo sobre el que pudiera uno hacerse grandes expectativas, pero la desnudez, el vacío que yo sentía bajo mis pies, hacía que magnificara la experiencia, que, a ojos de un tercero, bien podría considerarse un trabajo para ir tirando.

Quizás fuese así, pero lo que sentía tenía más peso que la racionalización de este suceso… 17:35 ¡Si ya son más de y media!, aquí, ensimismado en mis pensamientos, no me he dado ni cuenta y en el baso de cerveza sólo queda un pequeño charco y una sucesión de marcas de espuma blanca, recuerdo de lo que hace un rato fue una cerveza fría. ¡Que le vamos a hacer!, que se retrase un poco es normal, pediré otra cerveza para matar el tiempo. 17:40. En la esquina opuesta de la barra, vi que había algunas revistas y periódicos y decidí acompañar mis tragos con un poco de lectura.

Finalmente, tras rebuscar entre los incunables del montón, decidí leer uno de tantos periódicos gratuitos, con los que nos bombardeaban a diario, más con el fin de pasar el tiempo que con la intención de enterarme de forma fiable de lo ocurrido en este planeta.

Estuve ojeando las “noticias” sin mucho interés y me detuve en la última página, buscando si había algo rescatable para ver esa noche… había una película de Angelina Jolie y Denzel Washington, que habían reprogramado un montón de veces y que terminaba a las mil y alguna serie de humor socarrón, vamos, nada de nada.

17:55 ¡Qué tarde es y todavía no ha llegado! Quizá debiera llamarle, no vaya a ser que se le haya olvidado o que le haya ocurrido algo.

Tomé otro trago, y marqué su número. Después de cuatro interminables tonos, me salió el contestador. Pasé de dejar ningún mensaje, total, ya tendría mi llamada grabada.
¡Que raro!, seguí leyendo sin interés algunas noticias de deportes; fútbol, ciclismo, fútbol… las 18:03, pegue el último trago a la cerveza, empezaba a sentirme ebrio, y resignado, me incorporé de un salto. ¿Por qué no habría venido Maria? ¡Qué rabia!

Dejé atrás el café “Encuentros”, solo, ¡qué ironía! Al final no había tenido cita alguna y no había podido compartir con nadie mi entrevista surrealista.

Empecé a pensar en el destino… Quizá todo había ocurrido así porque con quien debía quedar era con Sonia… No lo tenía claro y los vapores alcohólicos no me ayudaban, así que decidí dar un paseo y pensar en mis próximos pasos…