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Colegiado

ColegiadoVamos a tratar el tema de hacerse colegiado y, evidentemente, no me refiero a la denostada profesión del arbitraje deportivo. Hablo, como imaginaréis, de colegiarse, de adscribirse a un Colegio de Educadoras y Educadores Sociales.

Yo NO estoy colegiado. Pensé hacerlo hace un tiempo pero, en aquella ocasión, por mi situación personal (más bien económica), no vi idóneo el dar ese paso, más que nada, por la pasta que me suponía.

Recuerdo que entonces las razones que un colega esgrimió fueron eminentemente de carácter… no sé cómo decirlo… “práctico”. Las ventajas que me refirió se basaban en acceder a una publicación periódica relacionada con nuestra profesión y a información respecto a ofertas laborales (públicas y privadas). Poco más.

Desde entonces, he pasado ya por varios empleos y he contado con un buen número de recursos para mantenerme informado acerca de puestos de trabajo. Y todo ello sin estar colegiado.

Posteriormente he entendido que colegiarse implica una serie de provechos mayores; para empezar implica que la gente que trabaja en los Colegios de Educadoras y Educadores Sociales trabaja, precisamente, para defender esta profesión a diferentes niveles: luchando contra el intrusismo, en el ámbito de las habilitaciones e, imagino, un largo etcétera.

En la actualidad le doy un valor importante a este hecho, a colegiarse. Entiendo que, como en otras profesiones (en las que además es absolutamente necesario colegiarse para poder ejercer), la principal virtud de un colegio profesional es representar a todo un sector laboral en diferentes contextos, dar nombre y profesionalizar, de esta forma, todo el mundo de la Educación Social. Creo, sinceramente, que la existencia de estos colegios es positiva para esta y otras profesiones.

A pesar de ello, hoy es el día en el que me encuentro con compañeras y compañeros un poco desencantados con la labor que algunos colegios ejercen y que incluso se están planteando (o lo han hecho directamente) darse de baja. Ellos y ellas arguyen, por ejemplo, que no se defienda la presencia de educadores sociales en oposiciones de otras especialidades y que, sin embargo, a una plaza de educadora o educador social se puedan presentar psicólogos o trabajadoras sociales. Además, al preguntarles por las ventajas más cotidianas no acaban de concretarme absolutamente nada.

Teórica o ideológicamente insisto en que creo que es positivo el colegiarse pero entiendo que de este paso se han de desprender consecuencias positivas o relevantes para las personas que dan el paso precisamente cara a su día a día.

No sé, estoy un poco pez en este tema y no sé qué camino he de tomar. A buen seguro que, con vuestros comentarios, voy aclarando un poco más mi postura. Gracias de antemano.