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Diario de un Educador: Primer Día

MarCogí el autobús de la costa a las 18:22, necesitaba que me diera el aire y el del mar es el primero que me vino a la mente, como tantas veces…

Una vez sentado sobre el duro asiento de plástico, mi mente se quedo en stand by y todas las imágenes que reflejaban mis pupilas parecían la misma, como si el tiempo se hubiese congelado en su cristal. Como un autómata bajé por las escaleras de metal, sin reparar en si había viajeros o si el bus era conducido por algún espíritu. Tras un tiempo de unos cientos de pasos, una ráfaga de sal húmeda me hizo despertar un tanto, pero la verdad es que no quería despertar y dejé vagar mis pensamientos dentro, muy profundo, mientras mis ojos reflejaban el lienzo de azules, verdes, grises…

No sé cuánto tiempo permanecí así, pero sin ganas, fuerza o arrojo, los días fueron pasando en una sucesión de imágenes de las que no saque significado alguno.

(….piiii, riiiii, piiii, piii, pa, pi, ri, pi, pi….) Maldita melodía. No tengo ni idea a qué persona malnacida y amargada se le pudo ocurrir inventar tal aparato martilleasueños.

Era lunes, 10.15, el día de mi bautizo laboral. Tenía la cabeza como un globo demasiado hinchado y el cerebro parecía querer escapar de su cautiverio de huesos, piel y pelo.
Me limpié la cara, me mojé el pelo, me peiné con las dos manos, me aseé, me quité el pijama, me puse la ropa interior, los calcetines, los pantalones negros, la camiseta, el reloj Racer, las zapatillas negras, me puse las lentillas, desayuné sin ganas y embutiendo por un esófago, estrechado cual embudo, un café con leche; me puse las lentillas, la sudadera roja, cogí las llaves, el bono, el dinero, unos kleenex, una meadita (siempre meo mucho cuando estoy nervioso), cerré la puerta, volví a abrirla, (¿había apagado el fuego?), cerré la puerta 2ª parte, bajé, anduve, metí, subí, respiré hondo, salí, subí, anduve, respiré entrecortado, seguí, llamé, respiré, respiré, respiré, respiré, abrió.

Un chico joven de físico anónimo ante mí…

– Alex supongo…
– Supones bien
– Pasa, soy Ander el coordinador.

Entré, no sin haber respirado hondo un par de veces. Esta vez no fuimos hasta el fondo del pasillo y al de unos pocos pasos, torcimos a la derecha por dos veces, dibujando un rectángulo abierto por uno de sus lados cortos. Enfrente, una mesa de madera, grabado de mil manos y de dos mil objetos punzantes, pequeños taburetes a ambos lados, estanterías, armarios, juegos, materiales (pinturas, cartulinas, rotus…) desbordando todos los espacios.

– ¡Bienvenido a tu nueva casa! Aquí es dónde planeamos todo, izquierda material para talleres, derecha más material, al fondo juegos de mesa y detrás de ti, unas estanterías para dejar las cosas de cada educador. Si te acercas, veras que en cada una hay un nombre. La tuya es la de Alberto. Cuando quieras, cambias el nombre, ¿vale? Sentémonos.

Casi me caigo, al intentar sentarme sobre esos champiñones de madera. El sombrero se movía al estilo hula hop.

– Se me había olvidado avisarte, ¡Cuidado con los taburetes, están hechos un cristo!, ya te habrás dado cuenta de que todo está en “perfectas condiciones”…

Hasta el momento, sólo me había fijado en el conjunto de formas, colores y movimientos que formaban la figura de Ander, pero ahora que se encontraba sentado ante mí, encorvado cual Cuasimodo, fije mis prismáticos en su rostro. Ander siguió desgranando aspectos del trabajo que a partir de este día me iba a ocupar. Yo, mientras tanto, sin hacer gran caso a sus palabras, como si me hablara desde detrás de un grueso cristal, observe su gesto cansado, no sé, parecía como si moviese los menos músculos posibles, como si sus labios fueran un ser vivo independiente que lucha por separarse de ese ser inerte que es el rostro, donde ni siquiera en los ojos se vislumbra recuerdo de brillo alguno… Al de un rato de mi exploración gestual, me invadió una sensación de desazón, cerré con fuerza los ojos por un instante y aparté el grueso cristal, volviendo aliviado al mundo de las palabras. Ander me comentaba…

– …ahora.
– ¿Cómo?
– Sí, que llegarán ahora tus compañeras. Tú vas a estar con Isabel en el comedor de 3º, así que cualquier cosa que tengas, se la preguntas a ella o a quien pilles más a mano, ¿Vale?
– Y respecto a…

Justo en ese momento sonó el timbre dejando las palabras atascadas en mi garganta (…el funcionamiento del comedor)

Ander salto del taburete como los muñecos de broma, que atrapados en cajas, esperan la oportunidad para salir de su cautiverio ayudados por su pie muelle.
¿Cómo serían mis compañeras?¿Cómo me arreglaría con Isabel? ¿A quién llamaría?¿me adaptaría bien al trabajo?…

En ese momento, me vino a la memoria el abrazo húmedo y salado de la brisa del mar y tuve la tentación de marchar a su encuentro, lienzo de azules, verdes, grises…