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Educar desde la propia realidad

Ilustracion de un caballeroEs lo que les llega, es lo que les cala, es lo que aprehenden, es lo que les mueve hacia la reflexión, es lo que les mueve al cambio…

Después de trabajar varios años con este público, me he dado cuenta de que muchas veces trabajamos de espaldas al joven, simplemente porque nos es más cómodo adaptarnos a nuestras capacidades o porque nos empecinamos en usar materiales una y otra vez sin pararnos a pensar si son los adecuados, si no habría que adaptarlos, si no son diferentes nuestros usuarios, en fin, que seguimos de forma automática, sin pensar realmente hacia dónde vamos o si lo hacemos mejor o peor.

En este sentido, yo he desechado bastantes materiales que han llegado a mis manos debido a su lejanía con respecto al mundo joven, me explico con un ejemplo.

Hace algún tiempo, llego a mis manos una guía didáctica para trabajar el tema del cannabis con los y las adolescentes.

Por un lado, barajaba ideas interesantes como son las diferencias entre un discurso procannabis y otro contrario. Pero por otro, se basaba en la lectura de un cuento en plan metáfora, ambientado en una época de caballeros, espadas y corceles.

En mi opinión, este es un buen ejemplo de cómo una buena idea de base, incluso con apartados novedosos, no cuaja debido a la lejanía del material. Por mucho que analicemos el material con los y las adolescentes e intentemos hacer paralelismos con el mundo de príncipes y princesas, la distancia a recorrer se antojará insalvable, más aún pensando lo que les cuesta a los y las adolescentes cruzar el puente que hay entre los demás y su persona, más aún cuando tienden a pensar en términos de “ a mí no me va a pasar”, más aún cuando viven en el presente, en el ahora, aquí, y no en una época remota, no se sabe bien dónde, ni cómo…

Difícilmente salvaremos la distancia que como adultos nos separa de los y las adolescentes si ya de inicio somos nosotros y nosotras mismas las que ponemos distancia de por medio con la realidad, con su realidad. ¿A caso nos da miedo partir de su propia realidad? ¿A caso nos sentimos inseguros ante lo que podríamos encontrarnos? ¿A caso no nos es más fácil crear un mundo “artificial” para dictar las normas y controlarlo de cara a sentirnos más seguros/as?

Yo, por mi parte, lo tengo muy claro. Si queremos trabajar con el o la adolescente y generar reflexión y cambios reales, deberemos partir de su mundo real, de su día a día, de este momento, de su barrio, de sus sentimientos. De esta manera trabajaremos desde su orilla del rio, inmersos y enfangados en su realidad. ¿Qué de vértigo? ¿Qué nos de temor? ¿Qué nos sintamos inseguros?…Son adolescentes, son incertidumbre, son hormonas, cambio, son calle, barrio, colegas, amigos… Es lo que hay, ¿lo toman o lo dejan…?