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Alrededor de 70 menores alaveses cumplen anualmente condena mediante tareas sociales

Representación gráfica de la justiciaEl Boletín Documental sobre Inserción Social (Hilero Eguneratuz), de este pasado mes de Junio de 2007, lanzaba un pequeño apartado dedicado a la reinserción de menores alaveses. y las estrategias de intervención comunitarias llevadas a cabo para suplir esas condenas. Veamos:

Además del internamiento, el actual sistema juvenil contempla otra clase de penas. Por ejemplo, la realización de tareas sociales, una alternativa a la que el año pasado en Álava se acogieron 67 adolescentes de entre 14 y 18 años, una cifra que duplica la de 2001. El tiempo de condena varía en función de la gravedad del hecho delictivo, y puede oscilar entre 20 horas por un robo de dos euros hasta 100 horas por actos más graves, como la quema de un coche. Este tipo de medidas beneficia no sólo a los propios jóvenes, que pueden permanecer en su medio social y familiar, sino también a la veintena de entidades en las que se prestan servicios, y que abarcan asociaciones de discapacitados, de padres, ONG o residencias de ancianos, por poner algunos ejemplos. El seguimiento de los menores corre a cargo de un equipo de educadores de medio abierto vinculados al Instituto de reinserción Social de Euskadi. A este respecto, desde el servicio de justicia juvenil del Gobierno vasco se recuerda que el éxito de estas medidas requiere adecuar la tarea encomendada y el lugar en el que está se realiza al perfil del infractor y el hecho por el que es castigado. Otra posibilidad diferente a la de los trabajos en beneficio de la comunidad es la de la mediación, un proceso en el cual el menor pide perdón a la victima por el daño causado y se compromete a reparar el mal.

Os invito a que cojáis un rotulador negro, o en este caso hagáis un corta pega de alguna referencia al artículo y le pongáis un adjetivo. Al fin y al cabo, no es más que un granito de arena de la ya mancillada Ley del Menor, que no acaba de fijarse bien y se confunde entre el papel mojado o papel couche. Los que trabajamos en este mundillo, creemos en ella no a pies juntillas, precisamente. Pero el debate esta ahí. Por dónde empezamos para aplicarla a una realidad mucho más cambiante, maleable y en ocasiones irracional que todo este decálogo del Buen Samaritano.

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