Tags

Related Posts

Share This

La Peregrinación y la Educación Social

Flecha del Camino de SantiagoEstoy de vuelta. Ayer regresé de disfrutar del grueso de mis vacaciones estivales. Unas vacaciones en las que me he levantado a las 6 de la mañana, he andado una media cercana a los 30 kilómetros diarios, me he quemado la piel y me he resentido la rodilla. Unas vacaciones en las que he realizado el Camino de Santiago, saliendo desde León y llegando a la capital gallega (si bien en el transcurso del mismo nos hemos enterado – o al menos yo no lo sabía – que la veraddera meta es Finisterre) Unas vacaciones impagables, memorables y repetibles, repetibles, en el sentido de que mis compañeros peregrinos y el abajo firmante tenemos pensado repetir en el futuro pero esta vez saliendo desde Saint Jean.

Como imaginaréis, múltiples han sido las anécdotas y vicisitudes acaecidas durante los trece días que hemos estado andando por la milenaria ruta. Del mismo modo, como comprenderéis, no me voy a extender en detalles sobre cada una de las etapas, ni en describirlas ni en pegaros mucho más la txapa sobre el mismo.

Pero, al mismo tiempo, si ahora mismo estoy dando a la tecla y referenciando al Camino en este espacio es porque algo he encontrado de relación entre éste y la temática de este blog, la Educación Social.

Lo primero de todo es reseñar la cantidad de grupos de tiempo libre y scout que nos hemos encontrado en el Camino. Me imagino que la mayor parte de ellos no estarían haciéndolo en su totalidad, es decir, estarían aprovechando la ruta para realizar unas colonias con sus chavales y chavalas, sirviéndose de este trayecto como excusa para que los pubertos compartan experiencias y adquieran valores relacionados con el medio ambiente, aspectos culturales y de respeto hacia el resto de personas con los que les ha tocado compartir albergues, por no hablar de los muchos grupos que habrán realizado esta ruta por motivos eminentemente religiosos.

Por otra parte y quizá lo que más me ha empujado a escribir este artículo, es la solidaridad, camaradería y compañerismo que hemos encontrado entre los peregrinos y peregrinas que hemos conocido durante nustero camino. Gentes de diferentes nacionalidades, de diferentes características y clases sociales, personas con diferentes motivaciones que en todo momento han estado prestas a echarte una mano con tu mochila, en mirarte esas ampollas, en preocuparse por el estado de la rodilla, en darte de comer o de beber si te ven necesitado, en tomarse una cerveza o un vino contigo…

Supongo que esa gente ha de tener una base propia óptima para mostrar este tipo de actitudes, aunque por momentos llegas a pensar que el propio camino es el que extrae lo mejor de cada uno.

Asimismo me ha resultado curiosísimo conocer a personas que han utilizado esta peregrinación como forma en la que marcar un punto de inflexión para cambiar sus vidas, de forma que, a la vuelta de Finisterre, comenzar con un nuevo planteamiento, con un un nuevo modelo, aparcando los esquemas que tenían antes de iniciar este Camino, siempre y cuando éste les haya servido precisamente para éso.

Con todo, no sé si es porque me ha gustado tanto esta ruta o por qué, el prácticum de Educación Social debería incluir esta actividad o alguna otra del estilo. Creo que es una forma en la que conocer y conocernos, en la que valorar a las personas que nos acompañan y a las que conocemos, en las que considerar los esfuerzos, la resistencia y las recompensas.

Una experiencia, como decía, única y formidable, que, por lo menos en mi caso personal, ha servido para seguir creyendo en la gente y en las enormes potencialidades que todos y todas tenemos. Un camino que, de verdad, hace que siga creyendo en esta profesión o este ámbito de la Educación Social.