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El Gran Abanico de la Educación Social

AbanicoEn estos días en los que agosoto va tocando a su fin, me ha dado por releer algunas de las entradas que vamos incluyendo en este blog dedicado a la Educación Social. A través de esta actividad he caído en la cuenta que, excepto uno o un par de posts, la mayoría de los textos dedicados a experiencias personales de nuestro quehacer diario están volcados en el ámbito de la educación con menores, con jóvenes.

Por ello, hoy quiero recordar y hacer ver que hablamos de una profesión en la que el abanico de salidas es muy grande y, por tanto, son muchas las vertientes en las que poder desempeñar nuestra labor, muchos campos en los que poder echar un cable.

Así, aparte del ámbito de menores, juventud y familia (campo en el que he desarrollado el 90% de mi bagaje profesional), una de las áreas de las que mejores recuerdos guardo, por sus contenidos, por la población a la que va dirigida y…, no sé, un poco por todo, es la relacionada con las drogodependencias, en sus distintas modalidades de intervención: directamente con toxicómanos, desde un punto de vista educativo, sanitario o asistencial, trabajando en programas de prevención e información… Osea, trabajando con yonkis o realizando campañas de información al lado de una discoteca de pastilleros.

También recuerdo los dos ámbitos que toqué en mis prácticas universitarias: el de Tercera Edad y el de Cooperación al Desarrollo. El primero de los casos he de reconocer que no me gustó. Quizá fue porque estamos hablando del año 97 y puede que, por aquella época, los responsables de la residencia en la que me tiré un mesecito no entendían muy bien la figura del Educador Social. El caso es que yo creo que a ellos les pilló un poco en offside la propuesta de la incipiente facultad de Educación Social y todo estaba muy verde, por lo que ni ellos ni nosotros, pubertos universitarios, no sabíamos muy bien qué hacer. Además de ello, he de reconocer que la población destinataria me entristecía un poco, me embajonaba lidiar diariamente con demencias seniles, alzheimeres y demás familia. Con todo, espero que la situación en este ámbito para las educadoras y educadores haya cambiado.

Respecto a mis segundas prácticas, las desarrollé, como ya he dicho, en el campo de la Cooperación y el Desarrollo. La experiencia fue enriquecedora a nivel personal, más para ampliar conocimientos y alcanzar un mayor entendimiento de las diferentes realidades mundiales. Evidentemente esto, en sí, ya es un logro, pero desde un punto de vista eminentemente práctico, la experiencia fue un tanto floja. Programar, programar y programar fue lo que hice en esos tres meses. A ver, no es que tuviera pensado irme a algún país de cooperante, pero sí esperaba algo más de acción. Lo máximo, un curso que dimos para voluntarias y voluntarios.

Bueno, a ver, qué más… Vale, el campo de Discapacidades. No sé, nunca he tenido experiencia en el mismo y, la verdad, es que tampoco tengo muchas ganas, más que nada porque me conozco y sé que se me despertaría con este colectivo un sentimiento excesivamente paternalista que, a la postre, sería contraproducente para el trabajo. Ahora, toda la gente que conozco que trabaja con esta gente sé que la goza al máximo.

Inmigración. Mi experiencia en este ámbito es, más o menos, indirecta, es decir, trabajo con muchos menores y familias inmigrantes y hemos desarrollado programas específicos para ellos, pero exclusivamente en este campo no me he movido. Y sí, ésto sí es algo que me atrae.

Del mismo modo me atrae mucho el ámbito de la Educación por la Paz o en Valores, manifestación de la que creo haber dejado constancia con anterioridad en este mismo espacio. Me parece precioso y con un fin mágico y maravilloso. He de reconocer que, en cierta medida, lo poco que me queda de carácter voluntario en relación con lo social, lo dedico a esta vertiente (defensa de derechos humanos, etcétera)

Orientación laboral. ¿Quizá un poco aburrido? No sé, aunque si está centrada en orientación a colectivos inmersos en procesos de exclusión social, supongo que tendrá su áquel.

Y es que el, a su vez, amplísimo campo de la exclusión social, es lo que más me gusta, como podéis comprobar. En este ámbito no tengo experiencias, por ejemplo, en temas de cárcel pero estoy seguro que es algo que me enrrollaría muchísimo.

Por último, otra parte de este gran abanico sería todo lo relacionado con aspectos más lúdicos o culturales: animación sociocultural, técnicos de cultura, etcétera. Divertimento y alegría, diseñando fiestas y eventos. Mola también.

En fin, ya ven que hay muchos sitios en los que puede rascar un educador o educadora social y estoy seguro que me dejo alguno (espero vuestros comentarios). Por gustar me gustaría tocar la mayor parte de ellos, pero, al final, las propias vicisitudes y los propios intereses de cada uno van definiendo un currículo. Ahora me gustaría apostar por las nuevas tecnologías y escribir, de forma periodística (otra de mis grandes pasiones) sobre lo relacionado con mi profesión. La meta: un híbrido entre educador y periodista. Estaría bien ya que, como espero que haya quedado demostrado, hay mucho contenido del que tirar en esta profesión nuestra, hay mucho calor que quitar con este gran abanico.

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