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¡Te pillé…!

Botellón¡Uuppppsss! En plenas fiestas, a las dos y cuarto de la madrugada, mientras degusto un “exquisito” katxi de kalimotxo, una voz, un grito ¡Eh, drogas! Me estremece, casi me atraganto, toso, toso, me doy la vuelta.

Ante mí, un par de jóvenes con sus cubatas en la mano. Me quedo blanco, respiro hondo y me recompongo un tanto.

Empiezan a hablar ellos.

-¿Qué tal? ¿cómo tú por aquí?
-Dando una vuelta ¿Qué tal andáis?
-Bien, llevamos ya unas cuantas rondas…, hemos venido a pasar el rato y a ver si cae algo.
-Hombre, si seguís a este ritmo, no sé yo si vais a estar para mucho ligue…
-Ya se verá, ¿Quieres algo?, te invitamos
-No gracias, ya tengo suficiente
-Venga tío, para una vez que te vemos beber algo que no es una coca-cola, déjanos invitarte.
-Tranquilos, que todavía no he terminado, y yo voy tranquilo, a mi ritmo. Oye, y ¿dónde anda “Pepito”?
-Se ha quedado en casa…

Fue algo así. La verdad es que uno no está preparado para encontrárselos fuera de su contexto de trabajo. Por un lado, se hace un poco extraño. Es como si fuera de ese contexto no pudieran existir, como si dos mundos paralelos se mezclasen. Tú estás en tu espacio, en tu vida, con tus amigos, novia, etc…, y resulta un poco violento. Por lo menos en primera instancia. Después, poco a poco te sientes cómodo y despierta en tí el alma educativa (que siempre está ahí)

Tras despedirte de ellos, incluso te sientes bien, agradecido y orgulloso de que te vayan a saludar, que sea importante para ellos el encontrarse contigo. Curiosa dualidad: por un lado, incómodo por el descoloque y por otro, agradecido por el reconocimiento.

¿Os habéis visto en situaciones parecidas?, ¿trabajáis en vuestro pueblo?, ¿cómo lo lleváis?

Yo, por mi parte, seguiré apurando mi kalimotxo con la “tranquilidad” de saber que volveré a encontrármelos. Naturalidad ante todo.

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