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En la P… calle:no se por dónde empezar

En la calleAunque hoy por hoy, parece una figura con poco protagonismo en la sociedad, aunque las asociaciones le den la espalda, aunque los y las profesionales prefieran otras áreas más “cómodas”, más definidas, más aún, si cabe, se hace necesaria la presencia del educador de calle.

De este modo, y sabiendo que entre la diversa “fauna” que conforma la comunidad educadora habrá alguna o alguno que se inicie por este camino de la calle educativa, no le vendrían mal unos consejos, que no recetas, que no remedios.

Son experiencias que si bien no andarán por vosotros, si os pueden servir de muleta para haceros con un hueco entre las cuadrillas que pueblan los parques, entre los pies jóvenes que desgastan los adoquines… ¡Vamos allá, demos unos cuantos pasos juntos!

Cuando me hicieron la entrevista de trabajo, ya hace algunos años, encajé en parte con incertidumbre y en parte con ilusión, la noticia de que el puesto era para trabajar como educador de calle. Esta ilusión por el reto, se fue convirtiendo en pavor cuando me fui enfrentando con la calle. Me explico: no es lo mismo lo que piensas a priori, las ideas idílicas, las utopías flotantes que la cruda y cementosa realidad de la calle.

Si, ya se que es un medio en el que nos desenvolvemos a diario: vamos a trabajar, nos dirigimos a la panadería, a casa de un amigo, nos sentamos en una plaza a charlar…
Pero no, no es igual. Digamos que es un redescubrimiento, una cara b de un disco al que ni se te pasó por la cabeza darle la vuelta.

Una cosa es pasar, caminar, posarse en sus adoquines, bancos y muros y bien distinto es buscar tu sitio, enraizar, desgastar los adoquines, sentirte parte de lo que supone “vivir la calle”, y más aún, vivir la calle con una cuadrilla, con todos sus significados de identidad, de libertad, de sentido y de espacio educativo natural, real y a la vez chocante.

Es difícil explicarlo con palabras, por eso todavía hoy, amigos míos me siguen tomando el pelo. Porque no llegan a entenderlo.

Quizá por eso cuando empecé a trabajar, fue como un salto al vació, apenas me dieron explicaciones, había muchas dudas, y muy pocas respuestas. Me soltaron de sopetón y me tuve que enfrentar sólo a la calle.

Al principio, se me hizo un nudo en el estómago, me hallaba perdido, incómodo, no veía el por qué de tanto paseo para realizar un rastreo de los puntos “negros” (que así denominaban a los lugares donde se reunían las cuadrillas. Yo nunca los hubiese denominado así)

Me veía incapaz de ponerme en contacto con esas cuadrillas, así en frío, pensaba que dirían,-“¿Quién es este tío?”, “¿Qué vienes, aquí a rayarnos?”

No sé, estaba muerto de miedo, me sentía impotente, y la calle, que hasta entonces, sólo había sido un lugar, un contexto de mis paseos entre un lugar y otro, se convertía en una realidad que me aplastaba, una realidad en la que me sentía inquieto…

Tenía que buscar alguna solución, ya había localizado a varias cuadrillas y tenía que dar un paso más allá. Pensé y pensé, hasta que el sudor frío asomo en mi frente y sólo entonces di con una posible salida…

To be continued (sino sería demasiada chapa todo junto digo yo)