Tags

Related Posts

Share This

En la P… Calle: no sé por dónde empezar (2ª Parte)

En la P... calleSiguiendo con el artículo anterior, pensando, dí con posibles salidas.

Por un lado, se me ocurrió acceder a los centros educativos con el pretexto de realizar un taller de drogas y así poder explicar al alumnado mi figura y abordarles desde el conocimiento de mi persona, no desde el anonimato.

Incluso se me ocurrió poder pasarme por los recreos y compartir el tiempo del bocadillo con ellos de manera que compartiéramos espacios, se fuesen familiarizando conmigo y poder extender ese contacto por fin al espacio de calle, a las cuadrillas.

En un principio, la idea estaba un poco cogida por los pelos, apuntalada, algo indefinida, pero al menos, era un posible camino para avanzar.

Me puse manos a la obra y contacté con los centros educativos, teniendo sendas entrevistas con las y los orientadores de los mismos, que me abrieron las puertas de los centros de forma bastante natural, con el consiguiente alivio por mi parte.

Aún así, mi presencia en el recreo no les quedaba muy clara (a mí tampoco), pero intuía que podía salir bien.

La puesta en marcha, aún con algún altibajo o anécdota (como algún profesor desinformado que me quiso echar del recreo a patadas), fue bien, incluso diría, que muy bien. El alumnado aceptó mi figura de una forma natural, quizá sin entenderlo del todo, pero aceptando mi figura como algo positivo, como algo para ellos, como un aliado.

Al final todo fluye, vas buscando tu huequito y lo que, en un principio, es un hilillo de agua, se va convirtiendo en un flujo cada vez más caudaloso.

Los y las chavalas te van haciendo el trabajo de difusión, contándoles a los demás, hablándoles de tu persona y sobre todo transmitiéndoles confianza.

De esta manera, tras acostumbrarse y confiar en mi figura, no tardaron en surgir excusas para quedar con ellos fuera del ámbito escolar, para jugar un partido o, simplemente, para estar en el parque.

El proceso no fue de hoy para mañana, pero con un poco de paciencia empecé a trabajar con un par de cuadrillas, que en todo momento me aceptaron, aunque siempre haya algún joven con quien sea más complicado conectar, y, al mismo tiempo, fueron entendiendo qué era un educador de calle.

Unido a esto, me derivaron algún caso, situación que aproveche para empezar a trabajar con su cuadrilla.

Como veis, esta fue mi realidad, pero en cada pueblo, cada persona, puede ser completamente diferente, por lo que lo que a mí me funciono, no tiene por qué funcionaros, pero eso sí, hay algo que une todos estos inicios, y es que debemos ser nosotros mismos, ser sinceras, y tener paciencia pero andar al mismo tiempo.

La cuestión, es hacerse un hueco y andar por los adoquines de la calle hasta que estos vayan hablando de nuestros pasos. Siempre hay una salida si se camina.

¡Animo, que también podéis!¡ La calle es vuestra!