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No cambie, no cambie, no cambie…

ManiquiesComo cada curso, a principios de octubre me vuelvo a reunir con una asociación que lleva locales de jóvenes y con la que llevo un proyecto a medias para trabajar en torno a las drogodependencias.

La cuestión es, que nada más girar el pomo de la puerta de la entrada del local me encuentro con varias caras nuevas.

¡Otra vez han cambiado las personas de referencia de los locales!. Aunque ya no me pille por sorpresa, no puedo evitar fruncir el ceño. En los años que llevo trabajando en estos locales, rara es la vez que una educadora ha estado más de un año y los cambios son continuos.

¿Cómo repercute esto en nuestro proyecto? Está claro que no es positivo, cuando empiezas a trabajar a gusto, cuando te coordinas perfectamente con una persona y ves que las cosas marchan… ¡Cambio!

Cuando empiezas a llevar actividades mano a mano, cuando repartes las tareas, cuando sacas mayor provecho a las reuniones… ¡Cambio!

Vamos, que no acabas de coger el ritmo, y el programa a trancas y barrancas avanza a pesar de todo, pero se resiente en sus cimientos. Así, no acaba de relucir totalmente ya que se ve sometido a pequeños pasos atrás constantemente.

Aún así, es una suerte que yo por lo menos perdure a través de los años, sino, el descoloque sería mayor si cabe.

No sé si alguien ha vivido una situación parecida. La verdad es que resulta frustrante y no sé si albergáis algún truquillo para minimizar la repercusión de tanto cambio.

¿Cuál es la solución ante los cambios constantes?

No cambie, no cambie, no cambie…