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La Expulsión de Jesús

Expulsión– Venga, Jesús, pasa para adentro. – Jesús entra y se sienta en mi silla giratoria y empieza a enredar con el ratón del ordenador – ¿Vienes un poco tarde, no? En fin, igual perdemos el autobús para ir al Centro Comercial. He pensado que revisaremos un poco el currículum y que lo echaremos en el McDonalds, en el Bocatta y en el Pizza Hut, a ver si hay suerte,
– Guay, tengo unas ganas de currar de la hostia.

En ese momento, un intesísimo olor a marihuana inunda mi despacho.

– Eh, tú – inquiero – tú te has fumado un porro antes de entrar aquí.
– Pero qué dices, ¡tú estás flipao!, si ahora vengo de casa de mi viejo.
– A ver chaval, ¿me vas a tomar el pelo o qué?, ¿tú sabes que pestuzo a María acabas de dejar aquí en cuanto has abierto la boca?

Jesús sabe que le he pillado y empieza a asumir, de forma no verbal, que tengo razón.

– Que no he fumado nada, chaval, tú lo flipas!!

Sin dar opción a la duda, comienzo a recordarle anteriores sesiones entre él y yo en las que hablábamos de la gestión de sus consumos.

– Vamos a ver, Jesús, ¿cuántas veces te he dado la txapa de que tienes que empezar a controlar tus consumos?, ¿cuántas veces te he dicho que no debes fumar canutos para ir a clase o para ir a casa de tus viejos o para venir donde mí?
– Ya, pero que da igual, en serio, que estoy bien.
– Si me da igual que estés bien o no, Jesús. Tú y yo teníamos un acuerdo y ahora lo has roto.
– Venga, joder, no te ralles. Venga, vamos pal centro comercial a echar los currículums.

Jesús se levanta, lugar que ocupo yo y, con un rictus impasible le digo:

– Jesús, vete, por favor, hoy no vamos a ningún lado. Así, no vamos a ningún lado. Vete, por favor y ya te llamaré para quedar otro día. Y como imaginarás, voy a llamar a tus padres para decirles lo que ha pasado y que no vamos a buscar trabajo hoy.

Jesús se queda unos segundos de pie, delante mío, sin decir nada, con una cara en la que se mezclan los primeros efectos del cannabis, tristeza, pena y cierta rabia. Momentos después se despide y abandona el despacho. A mí se me cae el alma.

Esta especie de historia está basada en hechos reales. Me sucedió hace unos días con uno de mis chavales. Evidentemente, el nombre que he elegido no se corresponde con el verdadero y la situación no es exactamente igual, pero sí muy parecida, y, eso sí, las sensaciones, tanto dle menor como las mías fueron las narradas.

Este chaval tiene 17 años, consume muchos porros, que le están llevando a cometer pequeños delitos. Es un joven sociable, con unos padres implicados y preocupados y es muy trabajable.

Poco después de que se marchara, tuve una gran comida de cabeza. Me planteé si había hecho bien, si el chaval no habrá perdido confianza en mí y si este episodio no afectará a la magnífica relación educativa que hemos alcanzado.

Sinceramente, sé que he hecho lo correcto. Como decía en la propia historia, han sido muchas las parrafadas que le han caído en torno a los momentos o a la gestión de sus consumos. El hecho de que se fumara un porro momentos antes de estar conmigo me dejó a huevo la posibilidad de aplicar con la práctica el mensaje que trato de hacerle llegar, más cuando él tenía muchas ganas de ir a echar currículums en establecimientos de la zona.

Mi equipo me reforzó mi postura y mi actuación. Los padres del chaval también. Aún así, la cara del joven de pie, mirándome, sabiendo que se tenía que marchar, se me quedó grabada.

Hoy me ha apetecido vomitar esto en el Educablog y comprobar si vuestras opiniones coinciden con las recibidas. Insisto en que creo que he hecho bien pero no está de más leer lo que tangáis que decir.