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Dime con Quién Trabajas y te diré Qué te Toca

Sofia

No, no es una invención o licencia literaria que me permito la de usar esta cabecera de artículo. Es, simplemente, la utilización directa e irónica de un titular que sirva para describir algunas de las realidades multidisciplinares con las que me toca compartir, (no diré trabajar, mal que me pese) y desarrollar mi tarea educativa, etc, etc…

He notado, por los comentarios, cada vez más emergentes en el blog, que lo que mas gusta al personal son las vivencias del día a día, la cotidianidad, el trabajo diario de educador social. Vayamos sin más dilación:

El trabajo discurre en un Hogar de Acogida con menores. Naturalmente, las historias individuales de cada uno de los chicos/as son muy diferentes y con problemáticas muy diversas, algunas de ellas enormemente difíciles.

Para ello, para intentar ayudarles, para intentar retomar cierta sociabilidad, cierta familiaridad, para incentivar un desarrollo psicosocial adecuado en el menor, contamos con recursos educativos (ahí, ahí estamos ) y psicológicos o psiquiátricos (contratados externos o recursos de la sanidad pública) , que permitan abrir más vías de socialización o desarrollo psicológico en el menor, lo más normalizado posible o menos traumático, teniendo en cuenta que parten de un bagaje (familiar principalmente, afectivo, social, educativo, escolar…) muy desfavorable.

Sofía es una adolescente con una historia personal y familiar terrible, marcada por los abandonos. No tiene ningún interés por los estudios, es más, la han expulsado del centro escolar definitivamente hace apenas 15 dias. Conductualmente tiene muchísimos problemas con todo aquel con quien interacciona (colegio, maestros, tutores, educadores, monitores, amistades e incluso algún vinculo familiar que aun mantiene). Rechaza de plano cualquier imagen o persona de referencia o autoridad y su dicha se basa en hacer lo que realmente le dé la gana. Ha tenido capítulos de rebeldía, con ataques de violencia hacia adultos, sin ningún tipo de cortapisas.

Piensa que todo en la vida ya lo tiene perdido y no tiene más que perder. Siempre le quedará su orgullo y su forma de decir en alto a todo el mundo que hará con su vida lo que decida en tiempo y forma. Como comprenderéis, trabajar con una persona así (es adolescente, pero ante todo persona, con muchos derechos y, no olvidemos que también con obligaciones, como, por ejemplo, estar escolarizada y respetar a la gente) es muy complicado y el día a día se hace enrevesado y difícil al no ser un hogar de Acogida un recurso suficiente para poder ayudarla. Ayuda que, por otra parte, no le quepa duda a nadie, se extiende e intenta promover desde hace varios años y obviando prejuicios o altercados que se puedan ocasionar durante este largo caminar de la educación y la formación como persona de la adolescente.

Necesita una medicación para controlar sus impulsos, pero a la cual no hace el debido caso que debiera. Sus educadores, sin ser doctos en la materia, ven con escepticismo que la medicación la ayude en algo con esas dificultades que ella tiene: impulsos, virulencia, trastornos del sueño…
En la carrera nos cuentan aquello del trabajo multidisciplinar, de ayudarnos y contrastar información entre unos/as y otros/as agentes educativos que tengamos cierto protagonismo en un educando, una paciente, o quien fuese sujeto de trabajo en ese preciso momento.
Pero, ante unos sucesos muy graves, con agresiones, insultos y amenazas, dentro de un contexto de hogar (no lo olvidemos, no es un centro especializado de menores, es un hogar normalizado, de una calle normal, de una ciudad normal), y ante el llamamiento seguido en dos días consecutivos de estos acontecimientos (llamadas a ambulancia medicalizada, Policía), con visitas hospitalarias de urgencias en psiquiatría infantil, te encuentras con la despreciable realidad de que un o una educadora o educador, que dos horas antes ha sido agredido/a y vilipendiado/a, se tiene que volver a ese centro de trabajo con la adolescente porque no es un problema médico, es un problema conductual.

Sofía esta calmada ya y la opinión psiquiátrica es que no se va a realizar un seguimiento en el área de psiquiatría más pormenorizado al no verlo oportuno, ni conveniente. La doctora de turno habla de “pataleta” (un término muy profesional ). Al hablar de estos incidentes (reincidentes) con su psiquiatra (y amiga) habitual (también de la Sanidad Pública), la medida que se toma o el replanteamiento que se hace es que durante un tiempo (limitado y corto…pongamos 20 días, para que pase la tormenta) pase consulta cada dos o tres días semanalmente, en vez de las tres visitas al mes que tenia con anterioridad. No obstruye tampoco los compromisos u obligaciones de Sofía, porque recordemos que esta expulsada del centro escolar, a causa de acumular expedientes sancionadores.

¿Qué os parece la historia, aparece en los manuales prácticos de la Educación Social? ¿Freire, Montessori, Ader-Egg, Piaget… por dónde tiramos?, ¿puede ser Sofía realmente ayudada en un Hogar con estos condicionantes conductuales y los recursos educativos o pedagógicos de los que puede disponer un equipo educativo?, ¿os parece acertada la decisión de la psiquiatra de urgencias Hospitalarias de regresar al Hogar esa misma noche, con la crisis que ha tenido la adolescente dos días consecutivos?, y, ¿qué opináis de la “nueva terapia” o seguimiento de su psiquiatra habitual?, ¿lo hace por el bien de la menor y con intención de ayudarla, de mejorar su situación personal?, ¿en qué tesitura pensáis que nos quedamos los educadores que trabajamos con ella las 24 horas al día, 365 días al año?

Tenéis deberes…. A la carga ¡¡¡¡¡