Tags

Related Posts

Share This

Todo lo que deberías saber sobre el Practicum de Educación Social y nadie se atrevió a contarte. Parte II

Viene de aquí.

Practicum IILa entrada era amplia, larga e iluminada. Al fondo, después de timbrar a unos de esos impersonalísimos automáticos con videocámara, que parecen desnudarte más que darte la bienvenida, me esperaban mis dos personas de referencia: la directora del centro, psicóloga de profesión, y una ayudante, con muchos años de experiencia en la sanidad publica en el área de la Salud Mental. Sonrisas alargadas, como cuando recibes a un hijo que emigró al extranjero hace años a aprender inglés o a trabajar en una ONG sudamericana. No pude hacer otra cosa que corresponderles de tan grata manera e intentar corresponderle con mi trabajo, mi ilusión y ganas (no diré conocimientos, por motivos obvios)

Es un centro de día de una asociación de familiares de enfermos psíquicos. Lo educativamente idílico hecho realidad en 200 metros cuadrados de local. Amplia aula de actividades, una salita de estar con dos sofás y sillas para evadirse un rato y respirar algo de “humo” en momentos aislados; cocina pequeña, pero muy funcional para lo que allí tenía menester, despacho en alto de las profesionales y un despacho contiguo donde pasaba consulta el psiquiatra dos veces por semana. Las actividades del día estaban en líneas generales muy orientadas a lo pedagógico, a la terapia grupal como elemento unificador y fortalecedor del paciente: Educación física de mantenimiento o fisioterapia, apoyo educativo y/o escolar, desayuno grupal en la cocina, terapia de grupo comentando el día, la semana, nuestros miedos, dificultades, actividad de ocio por la tarde… Era de todo, menos un centro estanco.

Somos unas veinte personas las que allí nos dábamos cita cada mañana. El efecto de la medicación hacia que algunos de los compañeros (a partir de ahora) estuviesen todavía algo aletargados, pero aliviados de las crisis resultantes de su enfermedad. Personas adultas en su mayoría, de entre 18 años el más joven a los 50 del más adulto. Todos con un denominador común: eran conscientes de su problema y allí encontraban alivio, comprensión y respiro a su dolencia. Eran uno más, parte del gran grupo. NO era una individualización de casos o personas, que previamente habrían sufrido un cierto distanciamiento en la sociedad por verle “rarito” o desanimado o muy callado. Es su forma de bien llevar esa losa que es la enfermedad mental desde sus múltiples variables (Esquizofrenias, Psicosis, Neurosis, Depresión…) Nombres fatídicos utilizados en ocasiones para el encasillamiento: Primero son unas personas, activas, trabajadoras, con familias… y que entre otras cosas padecen una enfermedad mental. Esa fue la primera lección que me enseñaron: como mejor se empieza es siendo consciente de lo que nos pasa, para luego poder ayudarnos, poder conocernos y al final tratarnos (ineludiblemente la medicación era obligada en algunos/as compañeros)

Textos leídos y analizados, bibliografía e Historia universal desgranada a través del apoyo educativo, cuentas matemáticas sencillas para una laboriosidad encomiable, abrazos compartidos, tertulias e historias rocambolescas compartidas durante horas y horas, días y días. Empatía y acercamiento a raudales. O yo era muy fogoso (habría que preguntárselo a mis tutoras) o me encontraba muy arropado, muy agrupado, en fin: uno más del grupo. Cuando tuve la oportunidad de dinamizar o llevar un poco el guión del grupo, nadie me hizo de menos, ni se pusieron objeciones o pegas. Yo estaba allí para colaborar con las profesionales y aprender a ser educador. Mientras, al mismo tiempo, había otros compañeros haciendo también prácticas en el centro (de la universidad privada) pero con menos frecuencia en las visitas. Mucho más ocupado en el plano psicológico que en el humano (a mi entender).

En otro desaire de la universidad, una compañera de clase, se había quedado sin practicum o por el contrario, le encomendaron uno de chiste (pero ésa será otra historia). Me pidió el favor de que mediara entre mi centro y ella, y mis tutoras no tuvieron problema alguno en acogernos a los dos (aunque fuese un poco en contra de la Universidad y la propia asociación que se prestó a colaborar, quien sólo contaba con una plaza en ese recurso educativo y a mi compañera la metieron en otro practicum)

En la trastienda del practicum, en los cafés o descansos comparto con mis tutoras los chascarrillos del practicum, su organización, su evaluación (no olvidar que el 40% de la nota era parte de mis tutores del Centro, otro 40% de la tutora del practicum de la universidad y el resto se vería en el trabajo del proyecto o memoria final): “No nos ha llamado nadie en estos meses de la Universidad, pero no te preocupes, estamos encantados contigo y llevas un sobresaliente como la copa de un pino“. “Los profesores de prácticas de la universidad privada son algo más atentos. Te envían alguna publicación, se coordinan alguna que otra vez por teléfono puntualmente e incluso te invitan a participar gratuitamente a cursos y conferencias”. “Aun así, por tu actitud y trabajo, debemos decirte que estamos encantados con vosotros dos y sois los mejores educadores que han venido aquí en tiempo”.

Invitación a una comida en un restaurante local, día de fiesta y comida por todo lo alto con otros profesionales (psiquiatras, médicos/as, psicólogos/as… la creme de la creme para dos estudiantes de 23 añitos a punto de diplomarse) en el caserío de una de mis tutoras. ¿Qué puedo decir?

Pues que años después (como unos 8 aproximadamente), todavía intento congratularme con ellas, visitándolas una vez al año y compartiendo tarde y café con mis compañeros.

Dedicado a Nerea, Itziar , Ioana y todos mis compañeros/as.