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Cambio Dos de Veinte por una de Cuarenta

Cambio dos de veinte por una de cuarenta¿Quién es mejor para desarrollar una tarea educativa de manera profesional: dos jóvenes recién diplomados/as de veinte años o un/a profesional de cuarenta que lleva años desarrollando dicha tarea pero no posee la titulación pertinente?

Le preguntaban siempre a un entrenador de fútbol metido a periodista deportivo, que desearía más: Si jugar bien y perder o jugar mal y ganar. El siempre respondía de la misma manera: ¿Por qué no jugar bien y ganar?

La capacitación profesional, la titulación requerida, la experiencia profesional, los colegios profesionales, el intrusismo… elementos convergentes en muchos casos y divergentes en otros, acerca de nuestro mundo: la Educación Social. Para que no se me tache de neutro, yo pongo mis cartas sobre la mesa: Distingo a los compañeros entre regulares, buenos y muy buenos educadores. Jamás miro el DNI. Por tanto, para desarrollar una tarea educativa deben siempre realizarla los mejores. Los/as jóvenes (uno mismo no hace mucho tiempo atrás) necesitamos la oportunidad de desarrollar nuestras capacidades para ser un buen educador en un futuro cercano. Los compañeros/as educadores que llevan años trabajando en este contexto, pero no poseían la titulación oficial (no existía la Educación Social o motivos varios como haberse formado en otras materias) son, igualmente buenos o mejores educadores.

Las asociaciones y las empresas (que a día de hoy, aún no se ha constatado que tengan cualidades humanas como la sensibilidad) están en otro escalón, quizás mirando a la profesión (y a los profesionales) desde diferentes perspectivas: Algunas integradoras, otras socializadoras, otras dinamizadoras, las más atrevidas transformadoras y, las menos, economicistas.

“Nadie es imprescindible“, me dice ayer mi coordinador. “Pero todos somos importantes“, comulgaba uno de los lemas de las asociaciones cristianas de ayuda social. Estamos al azar de la realidad (social, por supuesto, y económica también) Sin inadaptados no hay trabajo, sin personas con problemas de toxicomanías, no hay trabajo. Sin problemáticas sociales, no hay trabajo. Por otro lado, sin dinero: NO hay trabajo. Si la economía va mal: NO hay recursos para lo social y, por tanto, no hay trabajo. Incluso, habiendo recursos, si la asociación logra rentabilizar algo más el proyecto, no va a dudar en seguir una línea ganancial, a costa en ocasiones de olvidarse del capital humano (casi más importante que el económico, a nuestro entender)

Capital humano: Volvemos al origen del articulo. Dos de veinte, uno/a de cuarenta… Debemos cuidar mucho este aspecto, pues, al fin y al cabo, los protagonistas de esta historia son siempre los educandos (no nos quepa la menor duda) y quien más cerca está de ellos/as, somos nosotros.

Con cariño a mi compañera Carmen.

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