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¿Estoy acomodado?

CómodoRaro es quien no se queja de cuestiones relativas a su trabajo: que si el horario es una…, que no tienes apoyos de ningún tipo, que tu coordinadora no te comprende, que no te valoran, que tienes cargas que no te corresponden, etc, etc.

Pero llega el día en el que te proponen un nuevo trabajo, un nuevo horizonte, un cambio importante que supone un reto y no puedes evitar que te tiemblen las piernas. Al fin y al cabo, tu trabajo, el que realizabas hasta ahora, “tu viejo amigo”, aunque quizá no te gustase y vieras más oscuros que claros, aunque expresases el deseo de cambiar…, llegado el momento, no lo ves nada claro, te pones nervios@ y ya no estás tan seguro de que quieras cambiar. “Tu viejo trabajo” ya no está tan mal, ya no le ves tantos problemas y, en cambio, al nuevo, no paras de sacarle más y más pegas.

Ya lo dice el refrán “más vale viejo conocido…”, ¿o no?

¡En serio! Y hablando claro, lo que pasa es que tenemos miedo, miedo al cambio.
En cualquier caso y aunque no nos guste nuestro trabajo, estamos acomodados, lo dominamos, sabemos cómo y cuándo tenemos que actuar, lo conocemos y nos vemos dentro de ese puesto.
Cuando se nos pone en situación de cambiar, sentimos inseguridad, significa volver a empezar, otra vez. Pero aún así, sobre todo si nuestro trabajo no nos llena, ¿no merece la pena intentarlo?

Al final, todo el mundo va en busca de su lugar, de encajar en algún sitio. Normalmente hay más de una posibilidad… ¿cuál escogeremos?

Opción A: Apostar por el viejo trabajo y seguir quejándonos hasta el fin de nuestros días de asalariad@s.

Opción B: Apostar por el cambio y afrontar el reto.

¿Qué elegiríais vosotr@s?