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Las Chicas de la Cruz Roja

Las chicas de la Cruz RojaQue nadie se lleve la mano a la cabeza, por Dios, pero he utilizado este titular para describir metafóricamente a los/as educadores/as que afortunadamente pueden ejercer de ello, aunque sea en periodos cortos de tiempo, como elemento colaborador o suplencia en bajas, enfermedades y vacaciones del equipo habitual. En fin, esos y esas educadoras/monitoras incansables que trabajan en periodos vacacionales, puentes, festivos o fines de semana y acuden a cualquier aviso profesional, cual vehículo sanitario en situación de Urgencia (de ahí el título, parafraseando cómicamente también, a aquella película costumbrista española de finales de los 50)

Alguno/a de nosotros/as también fue chica de la Cruz Roja en su día, ¿verdad? Sería el escalón siguiente a ese artículo pasado en el tiempo, que escribió mi amigo Tote sobre el chico/a de prácticas. La cuestión es que estos profesionales, incansables todos ellos, buscan y ansían con enorme ilusión meter su cabecita poco a poco en el mundo laboral, por el que años atrás han empeñado tiempo y dinero en formación, y empiezan realizando su inmersión.

Entre tanto, seguramente algunos den sus últimos coletazos universitarios o formativos, o bien están recién diplomados. Muchos de ellos, continúan con el periodo de prácticas que también realizaron en esa asociación de turno y procuran dar continuidad al proyecto en fechas estivales, cuando los educadores fijos disfrutan de su periodo vacacional. Desde aquí lanzo un hurra a todos ellos.

La cuestión en particular de hoy me suscita dos preguntas: situación real que me sucedió recientemente con dos compañeras. Ellas habían participado en nuestro proyecto los dos meses de verano (Julio y Agosto) y, al finalizar su vinculación contractual, en la última reunión de equipo en la que participaron, hicieron una breve reflexión y/o evaluación de su trabajo allí. Lo primero que remarcaron fue la satisfacción y comodidad que habían sentido trabajando con el equipo educativo y su buen quehacer profesional. También aseveraron que habían intentado aclimatarse positivamente trabajando junto a nosotros/as, aun teniendo cada uno de los educadores una línea o forma de actuar diferente. Comentaban como algunos de los educadores habituales éramos profesionales más flexibles, que dábamos mas libertad y capacidad de decisión a sus actuaciones y otros, sin embargo, éramos más directivos.

Me quedé pensativo, pues esta evaluación la analicé crítica y reflexivamente, intentando casarlo con la realidad y, en vez de solucionarlo, solo conseguí más interrogantes: ¿Cómo debemos actuar los educadores fijos ante este reto formativo de nuevos educadores o compañeros o chicos de practicas ?, ¿cediendo responsablemente las tareas que correspondan a nuestro quehacer profesional, sin cortapisas, aún a riesgo de que los puedas dejar solos/as?, ¿informar, aconsejar y/o dirigir (sin caer en la directividad) sus pasos, acompañándole en la realidad del día a día, enseñándole y verbalizando una y cada una de las decisiones que se toman y/o van a tomar?

Me quedé con una sensación extraña, de que hagas lo que hagas, nunca sabrás si acertarás.

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