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La Educación Social en Otros Países

Educación Social en Otros PaísesTengo la enorme suerte que en mi extensa familia de primos, algunos de los mayores optaron por profesiones paralelas a la nuestra y llevan años, incluso alguna década, trabajando en este interesante mundo de la Educación (tanto formal o reglada como informal)

Para bajar esos copiosos ágapes navideños, estaba dándome una caminata por la ciudad cuando, de repente, me choqué de frente con mis primos de Suiza. Un matrimonio, bienavenido, con tres hijos varones y a los cuales llevaba como 4 o 5 años sin verlos. La alegría fue mutua, y no pudimos cuanto menos que pararnos a tomar un café de 30 minutos, si bien es cierto que me hubiese gustado que fuese más.

Ella es psiquiatra de profesión y, en la actualidad, coordinadora de los centros u hospitales de psiquiatría infantil de un cantón suizo. El, en sus orígenes, era educador de un centro de día de psiquiatría infantil, donde trabajaba con chicos y chicas con dificultades y trastornos de conducta. En la actualidad, realiza más tareas de Educador Familiar y Trabajador Social .

Hablamos largo y tendido de mi profesión y la de ellos (que gran clase docente, y cuanto hubiese pagado por este encuentro el mismísimo Luis Maria Naya, Profesor de Pedagogía de la UPV, de la asignatura de Educación Comparada)

En esencia, hablamos de los encuentros y desencuentros habidos en nuestros respectivos trabajos, con la multidisciplinalidad como piedra angular (aún sigo a vueltas con el tema, ya ven…) Salieron a la palestra reflexiones muy buenas, como que mientras estemos pensando más u obrando más en el desencuentro entre profesionales, mejor le viene al político, que así no se le molesta ni presiona en los requerimientos de nuevos servicios o mejora de los que ya hay.

También se dejó constancia en la conversación, de las lista de espera que había en Suiza para el ingreso psiquiátrico de menores que tenían esa problemática psíquica, de hasta 4 meses, a pesar de la lucha de acortar esos plazos, mientras las familias se iban desmembrando aún más, y la situación de los menores se iba agravando. El político suizo, ante la presión de aportar más fondos e inmiscuirse más, respondía: “¿Y, hasta ahora, cómo lo habéis estado haciendo?”.

Otro de los pequeños males endémicos que confesábamos, y al cual me dieron respuesta muy profesional y concluyente, es sobre los conflictos de intereses o choques entre los educadores y el mundo de la psicología y psiquiatría. Si bien es cierto que se han dado casos de descoordinación o líneas de intervención diferentes, no debíamos caer en el pesimismo o en la clasificación de esos desencuentros como parte de una conspiración de la psiquiatría o psicología como estatus profesional superior y, por tanto, de mayor rango, donde se intente focalizar la relación con los educadores de a pie, de arriba abajo. Mirando desde un supuesto Atalaya.

Mi primo, sabio en estas lides, y educador hasta la médula, centró su discurso en que debe acabar la maliciosa tendencia que hay a que el/la psicóloga le diga como debe hacer su trabajo al educador/a, y, por el contrario, el educador maquinar la idea de que la psiquiatría camina por su lado, hace a su manera, que se ven en un nivel de intervención superior y no cumple con los educadores. Porque, sino, el circulo vicioso de pensamiento, no se acabaría nunca.

Conclusión: Compartimos, agradablemente, y nos concitamos, en que, las mismas maneras de actuar, dificultades en los servicios, en los educandos, en la familias, y en la profesión, se daban, muy paralelamente en países, en teoría muy diferentes. Algo así, como si la globalización social, también estuviese insertada en la Educación Social, familiar, de Infancia, Servicios Sociales, etc, etc…. No sé si conoceréis más realidades o situaciones que puedan ayudarnos a conocer más casos, países, formas de actuación, etc, etc…

Dedicado con cariño a mis primos: Conchi y Christoff.

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