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¿Qué le debo, Señora Educación?

Talón

Siempre he mantenido una máxima en mi vida: “A mis maestros les debo lo que sé, pero a mis padres les debo lo que soy“. Una vez en la Universidad, me tacharon de sospechoso, porque después de acabar una asignatura cualquiera, de un cuatrimestre cualquiera, osé a agradecérselo verbalmente al profesor. Quizás, lo que no he logrado transmitirle a mis padres en treinta años lo hice con un desconocido cualquiera, pero bueno, así son a veces las cosas de la adolescencia. Rara avis, pensaron algunos, pelotero otros, etc, etc… “La cuestión es que no se estila. Hoy en día agradecer es de pobres“, me comentaba un amigo .

El profesor exclamó que no era nada, que era su obligación; pero en su foro interno latía un orgullo y bienestar notable. Su sonrisa y apretón final de manos, acabó de confirmarlo. Creo que le pille en un renuncio (no sé si se habría visto en alguna de estas anteriormente, aunque supongo que sí). Locos como yo hay muchos en la vida.

Estos días, de gloria bilbaína futbolística, el entrenador dice que le debe mucho a la afición. Que en el equipo, son unos morosos con la hinchada. Nosotros, los educandos (todos/as lo hemos sido en la vida, e incluso otros, lo seguiremos siendo hasta el fin de nuestra existencia ) debemos ser también, por correlación, unos morosos con la Educación. Cuantificar lo que debemos uno y otro, debe ser un ejercicio de reflexión de cada persona. Yo ya lo he hecho, y me siento mucho mejor, se lo juro.

A este joven murciano, de apellido Radabán, y señalado de por vida como “asesino de la catana”, se le ha acabado el internamiento de ocho años que pesaba sobre él. La mayoría de profesionales psiquiátricos y educativos que han trabajado con él, dicen que es un chaval (tiene ahora 24 años) recuperable, arrepentido y se puede reintegrar socialmente como un ciudadano adulto normalizado, con derechos y deberes. Los más escépticos, dicen que éso queda por verlo.

Mi adorado Manuel Alcántara, desde su tribuna periodística privilegiada, siempre decía que para influir en la educación de un niño/a era necesario intervenir o actuar 100 años antes de que naciera. Como eso ha sido imposible hasta el momento, con el joven Rabadán parece haberse hecho después y esperemos que surta el efecto deseado. Que la sociedad y su vida, aún valgan la pena, a pesar de las penurias pasadas.

Sólo me quedaría algo por resolver: Preguntarle al interesado y recuperado Radabán, si le debe algo a la señora educación para así saber si hacemos bien las cosas o no.