Tags

Related Posts

Share This

Y Tú, ¿qué hubieses hecho?

Y tú, ¿qué hubieses hecho?Dentro de una semana acude al Centro de Acogida el coordinador general, con motivo de la reunión semanal del equipo educativo. Entre los formalismos que tenemos pendientes (hacer entrega de los informes semestrales de seguimiento), nos queda una cuestión vital que tratar en el devenir personal y educativo de uno de los educandos: Gorka.

A punto de cumplir 19 años y con bastante bagaje temporal en el Hogar de Acogida o residencialización. Es mayor de edad y, por tanto, en esta edad de emancipación, los Servicios o Recursos Sociales ya no tienen competencia o responsabilidad civil (sí ética) en su caso.

Estudiante medio, tirando a suficiente. Muy buena persona, educado, respetuoso, entrañable, dentro de su lógica timidez, pero muy vago en cuestiones referentes a su programa de emancipación.

Uno de los pilares educativos que sustentan su estancia en nuestro recurso, es la inserción laboral. Me dirán algunos que con 19 años, contamos a los jóvenes que trabajan con los dedos de una mano en este país de acomodación juvenil. Otros por el contrario, llevan haciéndolo desde edades más tempranas, compartiendo como Gorka, esta casuística de dificultad familiar a nivel económico. Actualmente cursa un ciclo formativo de Grado Medio, pero en la primera evaluación regresó, aun siendo dedicación plena a este ámbito, dos asignaturas y 3 aprobadas.

La idea, consensuada y dirimida junto a él, es combinar un trabajo a tiempo parcial que le ocupe las tardes y/o fines de semana, dada la poca carga lectiva matinal del Ciclo Formativo.

Siempre he hablado en este nuestro educa-espacio, de las responsabilidades de nuestros menores. “Basta ya de inocencias”, recuerdan que decía un profesor universitario. Derechos SI, pero deberes TAMBIEN. Aun así, no me quito la idea de la cabeza de que algo del todo bien no habremos hecho los demás: yo como tutor-educador del chaval (habré tratado con él de este tema y su perentoria necesidad como 1000 veces), su madre y demás familia con quien comparte convivencia los fines de semana, mis compañeros de trabajo como dinamizadores, educadores y consejeros, mi director de proyecto como asesor externo… Y no hemos conseguido cumplir con los objetivos marcados en su Programa Educativo Individualizado (P.E.I., para nuestros futuros compañeros/as universitarios que nos leen semanalmente).

Posiblemente, acabe su estancia con nosotros en breves fechas. Casi se puede estar redactando su sentencia mientras yo escribo estas líneas, y me quedo apenado por no poder gritar a los cuatro vientos que hemos cumplido nuestros horizontes, nuestras metas con este chaval y será sin lugar a dudas un chico “de provecho”, que dicen las abuelas.

Él manifiesta abiertamente que lo hacemos por su bien, que buscamos su adecuación e inmersión en un mundo social y laboral complicado; pero a la hora de actuar emana una pasividad y acomodación que no deja de ser el síntoma de algo inequívoco: nuestros jóvenes son muy pasivos (o los hemos hecho pasivos???), acomodados, poco implicados (jajaja). Quien me leyera esto último, pensaría que estoy loco. De esto mismo se acusaba a mi generación, por parte de los profesores y padres / madres del 69 y de las posterior transición democrática en este país.

Pues sí, estoy perdiendo una ocasión de oro para demostrar que nuestros chicos son una buena generación (y de ser mala, lo sería igual que las anteriores), que Gorka esta aleccionando aunque no lo crea a los compañeros má pequeños de la residencia, con su buen fondo pero también con su pasividad y falta de implicación en labrarse un futuro laboral estable.

FIN QUE PRETENDEMOS: Una buena persona que trabaje, un buen trabajador o una buena persona… no sé cuál sería el final ideal a esta historia. ¿Se os ocurren otros finales? ¿Cómo habéis trabajado este ámbito en jóvenes y adolescentes? ¿Lo hubierais enfocado de otra forma, con otras prioridades, otras motivaciones, responsabilidades?