Tags

Related Posts

Share This

Miedo Escénico

Miedo EscénicoMe entenderá quien se haya enfrentado a situaciones de riguroso directo, me refiero a situaciones en las que nos enfrentamos con un público bastante numeroso, que posa sus ojos, sus oídos y sus sentidos en nuestra persona. No se oye una mosca, y hasta el ruido anónimo del aire acondicionado muestra su voz… Los ojos como faros se centran en tí, esperando que empiece la función, esperando que broten las palabras, que las manos agiten el aire, que las axilas se humedezcan de sudor, acaso la frente.

Allí nos encontramos, a veces habiéndolo preparado a conciencia, mil veces ensayado, mil y una reacciones previstas, cada punto, cada palabra, cada gesto, el público a quien nos dirigimos, la posición del cuerpo o incluso la ropa que llevamos. Todo previsto y controlado. En otras ocasiones, en cambio, nos encontramos un poco en pañales, sin haber tenido el tiempo que desearíamos para prepararlo, sin saber muy bien por dónde vamos a salir, sin tener claro a qué publico nos vamos a enfrentar, ni su número, ni su naturaleza. Nos han avisado de un día para otros y a regañadientes nos vemos obligados a aceptar y corremos el riesgo de quizá no estar a la altura.

Pero… Ni en una situación ni en otra está asegurado el éxito o el fracaso, ya que hay factores que controlamos y otros que no, que van a influir en el resultado de la función.

Hay factores ambientales, como son el sitio en el que estemos, por ejemplo, si hay tarima, o si hace más o menos calor, y sobre todo la predisposición y qué día tenga nuestro auditorio. Está claro que, si, por ejemplo, en un taller con jóvenes de un instituto, les pillamos con el día cruzado, ya podemos haber preparado dinámicas y ejercicios maravillosos, que dudo mucho que nos vaya a salir la función soñada.

Por otro lado, estamos nosotras o nosotros mismos. ¿Con qué pie me he levantado? Hay días en que para aparcar el coche en un sitio enorme necesitamos intento tras intento mientras que otras, a la primera en un sitio más que ajustado. Lo que acabamos de contar, es completamente trasladable a nuestra función. Hay días en los que aún habiendo hecho una actividad una y otra vez, aún sabiéndonos de memoria el discurso… nos trabamos, erramos, la cagamos…

En eso radica la mágica tragedia del directo, y en eso radica la razón del miedo escénico, aún después de años de profesión. Estar ahí, delante de esas caras, impone. Se me hace un nudo en el estómago sólo de imaginármelo. Pero, ¿acaso no forma parte del juego?

Imaginaros que pudiésemos controlarlo todo, que formación tras formación, taller tras taller, sesión tras sesión, conferencia tras conferencia… nada estuviera sujeto a la improvisación, nada sorprendiese, ni diese giro alguno. ¡Qué aburrido sería! ¿Dónde quedarían los fastidiosos pero útiles traspiés que nos ayudan a mejorar?

Alguien dijo Acostumbraros a educar en la incertidumbre, esa es la maquinaria que hará que suba y baje el telón una y otra vez.

El público espera, empieza la fúnción…

PD: Dedicado a las y los actores de esta tragicomedia de la educación social.