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Medicación = Control de Jóvenes

Medicación = Control de JóvenesYo nunca he trabajado en un centro cerrado de justicia juvenil, pero el artículo que cayó por azares del destino en mis manos esta semana, ha encendido las alarmas en mi cabeza y he decidido compartir mis razones en este espacio y a modo de denuncia, altavoz y despiertaconciencias. Porque, ya digo, que es un tema muy serio. Os recomiendo, de todas formas, que os leáis el artículo completo, ya que no tiene desperdicio. Aún así, yo voy a centrarme en varios aspectos centrales de ese documento.

Por un lado, se dan datos muy claros, que caen como agua fría sobre nuestras cabezas. Ya que por un instante, podríamos pensar que es normal que un tanto por ciento de los y las jóvenes que estén internados en un centro cerrado, deban tener medicación, ¿o no?

El caso es que el autor, refiriéndose a Catalunya, afirma que más del 60% de los/as menores toman medicación neuroléptica antipsicótica y entre el 80% y el 90% toman medicación psiquiátrica (antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos)

Visto así, estas cifras ya despiertan recelo, pero más aún, cuando se nos dice que el 60% es la primera vez que los consume.

No cabe sino pensar, como acertadamente nos comenta el autor, que de lo que se trata es de “camisas de fuerza químicas”, es decir, se trata de tener controlados a los y las jóvenes por medio de medicación, ni más ni menos, aún a costa de generar efectos secundarios a corto y largo plazo, como afectividad aplanada, depresión o posible glaucoma entre otros. ¿Acaso no nos importa la salud de estos/as jóvenes?

En segundo lugar y no menos interesante y alarmante, se nos argumenta como este juego de la medicación convulsiva, está inmerso en la lógica de las multinacionales farmacéuticas. No en vano, éstas centran uno de los negocios más lucrativos. En este sentido, estamos claramente contribuyendo a un negocio, es decir, a intereses lucrativos en contraposición a los educativos.

Por último, se refleja una realidad, que en los últimos años hemos visto con el endurecimiento progresivo de la ley del menor, en el sentido de que la sociedad nos pide dureza, contención y castigo a los y las menores.

Siendo así, la figura del educador y la educadora dentro de estos centros, se ve limitada a ser un guardia de seguridad, que controle, oculte y castigue a los “pequeños delincuentes”.

Ya dije al principio del artículo, que no he trabajado en ningún centro de este tipo, y desde luego, después de este análisis, no tengo mucha motivación por hacerlo.

Asimismo, me gustaría que si alguna o alguno de nuestros lectores trabajase o hubiese trabajado en esta área, compartiese su opinión asentada en las bases de su experiencia.
Para terminar, no faltará quién me diga que es fácil decirlo con palabras, pero que cuando estas en el trabajo, eres un mandado y no puedes ir contracorriente por mucho que tu ética profesional e incluso tu conciencia te atormenten.

Yo creo que como colectivo, podemos hacer mucho más, si es una realidad sentida, es denunciable por todos y todas y de ahí sobreviene el cambio. Y hecho como colectivo es más fácil que individualmente.

Porque un educador, no es un dispensador de medicamentos, porque una educadora, no es una guardia de seguridad ¿o sí?