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De Educadores Pata Negra y demás Prejuicios de Nuestra Profesión

Pata negraCuando el otro día leí la entrada escrita por el compadre Asier, lo primero que me vino a la cabeza fue un “vaya, Asier me ha pisado un tema sobre el que llevaba mucho tiempo queriendo tratar en el Educablog“. A pesar de ello, me gustó mucho su post, ya que en él ejemplificó muy bien un sentimiento o un sentir inherente a la Educación Social. Con todo, hoy no me ha quedado más remedio que el de darle a la tecla para exponer mi posición al respecto.

En mi caso, la fuente por la que empecé a pensar en este asunto hace ya algún tiempo fue un artículo que leí en el diario El País, titulado ‘Los cristianos, los marxistas y la opulencia’, firmado por la editora Esther Tusquets. En el mismo se ponían de manifiesto algunos prejuicios que suelen rodear a las personas de una determinada tendencia ideológica y los comportamientos o posesiones con las que cuentan. A pesar de que dicho artículo me pareción un tanto ambiguo (de hecho, me gustaron más las reflexiones que le surgieron a partir del mismo al columnista de Público Rafael Reig), su lectura me llevó a pensar en la imagen que aún hoy día parece persistir en nuestra profesión.

Personalmente considero que la Educación Social arrastra un cierto halo de caridad mal entendida que se pone de manifiesto muchas veces al hablar de determinados aspectos; así por ejemplo (y sigo hablando, evidentemente, en una primerísima persona) reconozco que hablar de que me gustaría tener un sueldo alto con algunos compañeros y compañeras me da palo. Sí, habéis leido bien: me cuesta exponer ese deseo.

Esas compañeras y compañeros, generalmente, son los que cuentan con un perfil como muy pata negra, esto es, gente muy comprometida con cientos de causas sociales, que viven en comunidad y cuyas vacaciones se basan en acudir a campos de trabajo a ayudar a personas con necesidades. Parece que no les preocupa el sueldo, los horarios de entrada y salida de su trabajo, ceder su número de teléfono personal a la persona con la que trabajan o usar su coche para transportar a sus usuarios y usuarias.

Creo que son actitudes dignas de admiración en muchos casos (aunque lo del teléfono, lo de los horarios o lo del coche no lo considero profesionalmente correcto, pero esto daría para otra entrada), pero, a su vez, parece que conlleva un agravio comparativo respecto a otros profesionales que se van de vacaciones a la capital del imperio capitalista (el domingo me voy a Nueva York, siiiiiiiiiiiiiiiiii…), que visten pantalones de marca, no están asociados a una ONG x o mantienen una vida extraprofesional no vinculada con el mundo de lo social.

Por otra parte, es evidente que la Educación Social es una titulación o profesión que ha heredado buena parte de todo ese trabajo asistencial voluntario que durante años no era reconocido y, por ello, hoy es el día (creo que ya lo he comentado alguna vez) en el que todavía te preguntan si cobras por hacer lo que haces.

Otra vertiente curiosa que parece existir en algunos ámbitos de nuestro trabajo es esa de carácter o raíz vivencial que parece otorgar más valor a la Educadora o Educador; hablo de esa tendencia según la cual parece que se entenderá mejor a los yonkis si se ha sido yonki, que se entenderá mejor a un niño desprotegido si se ha sido un niño desprotegido, etcétera. Y vale, puede que así sea, pero no por ello las Educadoras y Educadores Sociales que no hayan sido yonkis o niños desprotegidos son peores profesionales (¿acaso un oncólogo u oncóloga es peor médico por no haber padecido un cáncer con anterioridad a ejercer su labor?)

No sé, considero que estas y otras muchas cosas hacen que en esta profesión nuestra existan multitud de prejuicios e ideas que, en mi humilde opinión, no contribuyen precisamente a avanzar profesionalmente como colectivo. Creo que, poco a poco, hemos de irnos creyendo más nuestra figura y eso tampoco significa que debamos celebrar congresos en espectaculares palacetes o que debamos acudir a nuestro curro en un Mercedes.

Puede que esta entrada haya quedado un poco ambigua. Estamos discutiendo sobre un tema con muchas aristas, consideraciones y opiniones, estoy seguro, por lo que os animo a que participéis. Creo que por el camino se me han quedado otros ejemplos que pueden ser muy interesantes a tratar, a saber: ¿se puede ser votante del PP y ser Educador Social?; ¿se puede intervenir educativamente con colectivos exclusidos con un traje de Gucci (esto me recuerda la exitosa entrada del Educalook, por cierto)?

En fin, todo vuestro.