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“Una sociedad frustrante es una sociedad violenta”

Imagen de todo lo que realmente preocupa en esta sociedadHablando con un educador que trabaja en un centro de menores, me comentaba lo siguiente: “A veces pasas miedo, porque es difícil hacer cumplir las normas a un chaval que no tiene nada que perder, y que si quiere salir a la calle cuando no toca, o quiere fumarse un cigarro donde no se puede, si hace falta, pasará por encima de tí, te agredirá sin ningún tipo de remordimiento. No tiene familia, no tiene amigos, no tiene a nadie, y quién no tiene nada…¿qué pierde?“.

Me acuerdo, que me impresionaron mucho estas palabras y me dieron mucho que pensar, desde esta situación concreta hasta el origen de la misma.

Este chaval era violento, quizá como manifestación de desamparo, es decir, como llamada de atención a la sociedad, que lo había relegado a la insignificancia. Era como una llamada a la puerta de la sociedad. – Señora sociedad, yo no quiero ser nadie.

Esta es una realidad que refleja un caso un tanto extremo de lo que una sociedad violenta puede generar. En mi opinión, una de las grandes fuentes de las que bebe la violencia es del gran manantial de la frustración.

Esta sociedad, nos frustra irremisiblemente, porque nos aleja quizá de lo que significa ser persona.

Se nos enseña a tener más que a ser, se nos enseña a competir para beneficio de nosotros mismos, se nos enseña a tener como símbolo de felicidad, a que tener bienestar es sinónimo de felicidad.

Y esto no es así sin más, no es cierto. Ser feliz tiene que ver con el exterior pero también tiene que ver con los sentimientos internos, tiene que ver más con el autoconcepto con las relaciones sociales, más que con el tener un deportivo. Tiene que ver con el esfuerzo, con la creación, con vernos capaces de construir algo, no tanto de comprarlo.

Por este camino no hallaremos más que frustración al otro lado del puente.

Esta sociedad esta estropeando nuestro GPS y no hay wifi que conecte con la felicidad.

Vendemos un modelo de persona deshumanizado a nuestros jóvenes, a nuestras adolescentes. Un muñeco con muchos accesorios y relleno de aire. Tiene casa, buen coche, televisión de plasma, el último modelo de móvil… se va de vacaciones aunque no tenga el dinero a tal efecto, se compra la ropa para estar a la última, va al solarium… no se, a medida que uno va haciendo listas con las prioridades que parece marcar la sociedad para ser “feliz”, yo por lo menos, más desalentado me siento, más incluso al ver que caigo en estas trampas continuamente y que muchas veces soy el primero que recorre el pasillo de un centro comercial con una sonrisa consumista.

Lo que pasa, porque siempre acaba pasando algo, siempre hay consecuencias, es que por un lado hay sectores de la sociedad que se ven excluidos del consumo, se ven incapacitados para llegar a la supuesta felicidad y por tanto se frustran, generándose violencia, conductas delictivas y antisociales, buscando su papel atacando a una sociedad que les agrede y a la que al contrario de lo que muchos y muchas opinen, están sobreadaptados. Violencia por exclusión.

Por otro lado, estamos los “privilegiados” que podemos consumir, aunque nunca llegamos a estar saciados por completo, y siempre queremos más. Incluso, ha llegado el momento de la “gula consumista” y podemos consumir sin tener el dinero por medio de créditos y microcréditos.

En esta escalera de consumo, no hayamos sosiego, no encontramos las respuestas, no encontramos la tierra prometida, lo cuál nos frustra, nos violenta…

Hemos equivocado el camino, porque la madre sociedad, se ha corrompido por su propio instinto de supervivencia, sustentado en el crecimiento irracional del consumo hacía un infinito del todo insostenible.

La razón neoliberal, no es humana, nos es ajena, es alienadora y alimenta la violencia del ser humano que con sus manifestaciones violentas, se revuelve, se queja, intenta llamar nuestra atención sobre la realidad frustrante y nada humana… y nosotros mientras tanto, comprando un móvil en el centro comercial.

Como educadores y educadoras, creo que debemos hacer una reflexión honda sobre esta sociedad violenta y frustrante y entender así, o quizá ser más conscientes de hacia donde tiene que ir nuestro trabajo.

Un chaval me comentaba en un taller: “El dinero, eso si que es una droga, cuanto más tienes, más quieres