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De Vuelta

Síndrome PostvacacionalHola compañeros y compañeras. Ya he vuelto de mi periplo vacacional por tierras neoyorkinas. ¡Y qué magnífico viaje! Verdaderamente visitar Nueva York me parece un viaje interesantísimo. Se podría decir que, en cierto modo, supone un choque cultural importante a pesar de que esta ciudad sea el epicentro de la globalización mundial. Sin embargo, no sé si es porque uno, al fin y al cabo, no deja de ser un poco de pueblo, patear las calles de la city implica ver cosas, personas y situaciones realmente chocantes.

En fin, que os recomiendo a todos y a todas, si podéis, a visitar esta ciudad en algún momento. Y por cierto, ¡qué dura se hace la vuelta! El regreso a la cotidianidad, al curro, a las entrevistas, a las coordinaciones, a las reuniones de equipo, etcétera. Y qué dura cuando encima te enteras de situaciones realmente sangrantes relacionadas con algunos de nuestros usuarios que hacen que te hierva la sangre. No os voy a adelantar nada más ya que espero que, en los próximos días, escriba una vomitona explayándome un poco más sobre lo acaecido.

Por lo demás, pensando un poco en cómo relacionar mi viaje a Nueva York con los temas que habitualmente tratamos en este espacio (tal y como hice a mi vuelta del Camino de Santiago) se me han ocurrido varias cosillas:

La 1ª realmente deviene de un comentario que dejó aquí hace unos días It en la entrada Un Granito de Arena Más, en el que la atribulada madre de adolescentes nos dejaba un enlace en el que se describía un episodio de un trabajador social (o algo así) de la ciudad de Nueva York. Un suceso sorprendente en el que Julio Diaz (así se llama el mencionado trabajador) habla con un adolescente que pretendía atracarle en el metro de esta ciudad. Al pelo me ha venido, It, al pelo. Gracias.

La 2ª me surgió tras visitar una misa-gospel en Harlem y os explico por qué. El domingo por la mañana de la semana pasada decidimos acercarnos, como buenos turistas, a este espectáculo religioso musical que casi todo el mundo nos había recomendado. Eso sí, afortunadamente hicimos caso a una compañera de Ana que vivió en Nueva York que nos recomendó encarecidamente que fueramos a la Canaan Baptist Church ya que ésta era una de las más auténticas y en la que menos turistas encontraríamos.

Por tanto, allá fuimos. Entramos y nos encontramos con una iglesia abarrotada de afroamericanos y afroamericanas, arregladísimos todos con sus mejores galas. Tras apagar los teléfonos y comprometernos con no sacar fotos, nos sentaron en la 2ª y 3ª fila, mezclándonos con los parroquianos.

El espectáculo, propiamente dicho, de canciones, órgano, coros, coreografías, etcétera, es impresionante, llegando de tal forma que embargaba y emocionaba por mucho que uno intentara resistirse. Pero lo que más me llamo la atención y lo que es el verdadero meollo por el que os acerco esta experiencia hasta aquí, es el nivel comunitario existente entre los feligreses. Se respiraba una verdadera hermandad que te hacía ver que este tipo de eventos generaba comunidad y un fuerte sentimiento de pertenencia.

Además una gran parte de la misa estaba destinada a informar acerca de los numerosos recursos de carácter social con los que contaba el barrio. Para jóvenes, para enfermos de SIDA… Recuerdo que fue especialmente emotivo como una chavala de unos 15 o 16 años salió al centro del “escenario” con su recién nacido en brazos y como fue acogida por todos los asistentes y orientada por parte del pastor sobre cuáles eran los sitios a los que tenía que acudir en busca de apoyo, en caso de que le hiciera falta.

Con todo, vimos a una comunidad fuerte, solidaria, comprometida y muy viva (por no hablar del ritmo que de forma innata llevan en su sangre y las maravillosas voces con las que nos deleitaron)

Yo, sinceramente, sentí envidia y pienso que si las misas de aquí fueran como ésta me haría católico seguro, jejeje.

Bueno, pues hasta aquí. Como os decía, esta semana espero volver por aquí para acercaros un tema menos agradable que realmente me ha dejado jodido a mi vuelta. Pero ahora dejadme que siga recordando mi viaje a la City, con Frank Sinatra como banda sonora…

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