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Multiculturalidad: Otro reto de la Educación Social

MulticulturalidadAlgunas voces (amigas, compañeras y profesionales muchas de ellas) nos lanzan tímidamente una crítica bien solida y justificada a este nuestro ambigú de cada día, el Educablog: “Siempre habláis de menores”. Es cierto. Abusamos de ellos/as porque son nuestra materia prima; ¿o acaso no se lo habíamos dicho durante este año y medio de vida?

En ocasiones, a algunos de ustedes ya les he comentado ese afán aventurero y disoluto que me distingue desde mi más execrable juventud (en ocasiones tildada como tierna, pero es falso. Pregunten sino a nuestros padres y miremos sino a nuestros adolescentes). Afición, por otra parte, compartida por lo que veo, con el 99,9% de la Educablog people. Medellín, Lima, Bogotá, Caracas, etc, etc… son algunas de las realidades que he ido escudriñando para saciar mi ego revolucionario, en busca de la salvación del mundo.

“Ellos/as, los autóctonos te dan y enseñan mucho más de lo que tú les puedes ayudar o enseñar“ “Vuelves con otra concepción de la vida, del mundo, del microcosmos de tu entorno o país, de la sociedad consumista, occidental en la que vives y te has criado. Cuestionas todo lo que te rodea“. “Experiencia única e inolvidable“. “Prometo que he de volver. Aquí (Occidente) mi vida no tiene sentido. Me come la rutina, sin embargo allí (Países en vías de Desarrollo) me siento útil, me siento viva”.

Estas son algunas de las frases que habremos dicho y oído en infinidad de ocasiones, los que nos movemos en el mundo de la Educación Social, la Cooperación al Desarrollo y las ONGs. No descubro nada nuevo, ¿verdad?

Hoy no hablaré sobre esto. Cada uno siente y tiene su experiencia tan interiorizada, que si quiere la puede compartir con nosotros (que es lo que espero); y si no lo respetaremos igualmente.

Aquí, rompo una lanza a favor de la multiculturalidad. Como herramienta de desarrollo humano y social por encima de todo. Que gracia me hacía el señor Bambi, en sus discursos de final de campaña describiendo a la inmigración como la posibilitadora de pagar 1 millón de pensiones, gracias a sus cotizaciones a la Seguridad Social. Señor Zapatero: Primero las personas, y luego los trabajadores. Primero el capital humano, y luego el capital económico. ¿Y usted presume de políticas sociales? Riqueza humana y social, ¿lo habían oído alguna vez? Trabajar y favorecer los procesos de cooperación y mestizaje cultural y social. No sólo desde un prisma de la asimilación: eso sería un craso error. Cada uno/a posee unas creencias y una cultura partícular y autóctona, que basándose en el respeto al otro, no tienen porque ser dilapidadas ni tapiadas por una cultura mayoritaria.

No es cuestión de que se adapten a nuestras costumbres o cultura. En todo caso, deben adaptarse a nuestra sociedad, pero con su autenticidad e identidad cultural. Cualquier persona o ciudadano debe inmiscuirse y adaptarse a un marco de convivencia común, marcado por el respeto, la tolerancia, y la legislación existente, como parte referente de estado democrático. ¡¡Que maliciosa tendencia generalista la de comparar nuestra “ideal y equitativa” cultura occidental, con otras culturas como la islámica o la latina!!

El sentido común entre el bien y el mal, lo justo y lo inaceptable, ya lo marcaron hace años los representantes de las Naciones Unidas: Derechos Humanos. Sólo falta ponerlos en práctica y defenderlos a ultranza. Aprovecho la ocasión, para dejar esta pequeña fábula que, en ocasiones, nos sacude la conciencia en momentos acomodados:

“Cuando nací, yo era negra. Cuando crecí, yo era negra. Cuando estoy enferma, yo soy negra. Cuando tengo frío, yo soy negra. Cuando muera, seré negra. Pero usted…. Cuando nace es rosado. Cuando crece es blanco. Cuando está enfermo, es verde. Cuando sale el sol, se torna rojo. Cuando está con frio, es azul. Y cuando muere, se torna morado. ¿Y tiene el coraje de llamarme de “COLOR”?

PD: En uno de mis últimos viajes, choqué de frente con la realidad actual del mundo: “LA REVOLUCION HA MUERTO” No me quedó más remedio que retratarlo para la posteridad (El Ché Globalizado)