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Entre Dos Tierras: Subcontratado y Con Lo Puesto

Salvavidas“Entre dos tierras estoy y no dejas aire que respirar”. Entre mi empresa y la institución me hallo, trabajando entre dos aguas. No soy trabajador de la institución pero tampoco me siento trabajador de mi empresa. La siento lejos… yo con quien trabajo, a quien veo la cara todos los días, es a mis compañeras de institución.

Aún así, no acabo de sentirme como uno más del grupo. Hablamos, contamos, incluso nos tomamos el café juntos, pero… Aún así, no me siento del todo cómodo.

Este sentimiento es una intuición en el día a día, un sentimiento leve pero molesto, que acecha detrás de la oreja. Y llega el día en el que los rumores, el cosquilleo, despiertan agitados por un suceso. Y entonces lo ves claro, entonces ves lo que hay.

En mi caso, la semana pasada nos llamaron de la institución, diciéndonos que se iban a reordenar los espacios y que nos querían “resituar” en el despacho más apartado, junto con el servidor, y abocados a cruzar el office, es decir, rodeados de ruidos, olores y más molestias. Y por si fuera poco, compartiríamos habitáculo con un número indeterminado de personas de contratación eventual. ¡Maravilloso escenario!

Al día siguiente a la llamada, mi compañera y yo fuimos al encuentro de la responsable de la decisión, que nos vino a decir que primero eran las trabajadoras de la institución y después nosotros, aunque sin que ello deviniera en detrimento del servicio.

Tras esta conversación, hablamos con nuestra coordinadora, que mostró un talante poco comprensivo, incluso echándonos la culpa de nuestro destierro por falta de estrategia en su momento.

“Abrir tanto la boca para opinar”. Este es uno de los males de vivir en el destierro, que muchas veces nuestros superiores abren la boca, opinan, meten baza sin siquiera preguntarnos, sin tan siquiera confiar en el criterio de quien conoce de primera mano la realidad, incluso hay veces en que se toman decisiones sin tenernos en cuenta. O como me pasó no hace mucho, que me pusieron en entredicho al contradecir una opinión técnica sobre la necesidad de recursos en la zona donde trabajo desde hace seis años.

En estas situaciones, te das cuenta de cuán pequeño puedes ser y de que lo primero para la institución es ella misma.

“Pierdes la fe, cualquier esperanza es vana”. Toda esta situación te hace sentir un trabajador de segunda, que se halla entre dos orillas y sin un salvavidas al que asirte. Te sientes incomprendido, sin respaldo y corres el riesgo de desmotivarte y descuidar tu trabajo.

En mi caso, no pienso caer en esta trampa y haré mi trabajo, porque precisamente, eso es lo que me queda, es lo que tiene sentido y finalmente, es mi pequeño salvavidas…

Entre dos tierras

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