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Educación Social y Religión

Educación Social y Religión

Misas gospelianas, adventistas, latinoamericanas, peregrinaciones jacobeas… Se asoman estos días al Educablog, con cara incrédula y algo neonata, como queriendo ser conocidas por la sociedad laica y postmoderna del siglo XXI. Sólo con enunciar algo parecido a lo del titulo, muchos de nosotros (Educadores Sociales, Animadores Socioculturales y Técnicos de Intervención e Integración Social, entre muchos otros) nos echaríamos las manos a la cabeza, pasando a ser sospechosos de ser …… y subjetivos. “Habría que re-evagenlizar Europa”, me decía con cierto humor cáustico una década atrás, un misionero colombiano nacido por accidente en Estella (Navarra)

Corren tiempos de modernismo intelectual y libre pensamiento. De ello, entre otras cosas, deriva, la moda de ser laico, ateo y agnóstico, aunque no sepamos lo que significa ninguno de los tres. Digo moda, porque si El Duque se hiciese clérigo hoy mismo, mañana tienen ustedes los conventos a rebosar de novicias. No seré yo quien defienda a la Iglesia (como institución, ni a su jerarquía y menos aún a su tormentosa relación histórica con el poder y el vulgo), pero hoy me apetece sacar a colación algunas pequeñas historias religiosas de gran valor humano y social, como homenaje a ese proletariado eclesial que, en muchos casos, bien valen la pena y pasan mayormente desapercibidos.

Quedó dicho en algún otro blog o entrada anterior, que el mejor Educador Social que he conocido en mi vida, es un hermano misionero de la Caridad. Trabajaba en una residencia de ancianos, que no tenían recursos económicos ni familiares, con los que poder sobrevivir en el día a día de la ciudad antioqueña de Medellín. Al margen de ese trabajo funcionarial (para él suponía un proyecto bonito, pero no tan necesario; y le era encomendado por los superiores de su orden religiosa), y siempre con ese afán revolucionario e inconformista que tanto le distingue, fue cimentando lo que fue una escuela para los desencantados del sistema escolar formal, en dicha barriada metropolitana (Morro Pan de Azúcar).

Chicos y chicas de 13 y 14 años, con un contexto social y familiar muy desestructurado y con un mundo cercano y atractivo, como era el de la droga (marihuana y coca) y el militarismo (guerrilla urbana, o paramilitar). Primero unas cuantas aulas, luego un colegio a base de madera, y algunas profesoras formadas y tituladas. El vivía por y para los muchachos/as. Recogía gamines de la calle e intentaba ayudarles con un agua panela caliente o un consejo a tiempo, cada viernes por la noche, en Barriotriste y Cambalache, mientras sonaban las sirenas y el olor fétido de las alcantarillas y la pobreza inundaban las calles. Una tarde me dijo que ya no tenía sentido continuar allí. Le necesitaban en otros lugares, y él buscaba nuevos aires, desafíos, retos. Le pregunté qué sería de toda esa gente cuando se fuese. Me contestó: “No son mis pobres. Son del de ahí arriba”.

Cuatro años más tarde volví y allí seguía. Joven, enérgico. Como si no hubiera pasado el tiempo. Explicándome los nuevos planes, la ampliación del proyecto, el trabajo con el grupo teatral, etc, etc… Hoy me cuentan que se fue a Ámsterdam. Que antes pasó por Rumania. Que en este tiempo, se desquitó del hábito religioso que nunca tuvo, y que se lo volvió a enfundar años después. Sea como fuere, estoy seguro de que sigue siendo la Educación Social en primera persona.

¿Recuerdan si en algún momento se ha referido alguien en la carrera, o en los debates entre educadores, cuales son los valores que intenta transmitir la Iglesia (cristiana en nuestra realidad más cercana, pero valores universales en las demás religiones)? No se piensen que son propiedad eclesial (que ha sido durante mucho tiempo, uno de los defectos del Cristianismo), pero tampoco vayamos a decir aquí, que las habilidades sociales y las líneas curriculares transversales que se dan en nuestro sistema educativo, fue obra y santo de los Secretarios de Estado y Ministros de Educación de la democracia.

A todos/as nos sonará: Solidaridad, Paz, Amistad, Empatía, Ponerse en el lugar del otro, echarle un cable, etc, etc… ¿Conocemos las JOC?, ¿la Teología de la Liberación?

Tarde soleada en Laredo. Tomando unos refrescos con el Padre José Azpilicueta (el misionero del principio de esta historia), nos encontramos dos Educadores Sociales, poco sospechosos de conservadores. En esos momentos se estaba gestando el reconocimiento de los matrimonios entre gays y lesbianas; eufemísticamente hablando: Unión entre personas del mismo sexo. “Pues claro que casaría a dos personas si se quieren. Dios no hacían distinción entre si eran o no del mismo sexo. Yo le diría a los mandamases de la Iglesia que se pasasen un año viendo y conviviendo, con las clases más desfavorecidas de Sudamérica – era la realidad que él mas conocía- a ver qué decían. Mayor cercanía al pueblo, y no hablar desde la tribuna de un palacio”.

Rompo una lanza a favor de muchos proletarios clericales del mundo, que trabajan como muchos de nosotros/as, por un barrio mejor, más equitativo. Decía el maestro del pánico, a todos aquellos anarquistas catalanes de posguerra: “Arrodillaros y pedir perdón por todos los curas que habéis matado”. Aunque algo anacrónico, brindo al sol por algunos de sus herederos. Al fin y al cabo, “Dios habló de hermanos, no de primos”.