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No Se Puede Hacer Nada

No se puede hacer nada– No se puede hacer nada.
– Pero, ¿cómo que no se puede hacer nada?
– No, nada. Hablamos de un chaval que ha desarrollado una psicopatía. No tiene emociones, ni capacidad de arrepentimiento, ni de ver las consecuencias, ni de empatizar. Se puede decir que, desgraciadamente, está vacío por dentro.
– Pero si es un tío super majo.
– Sí, es un rasgo habitual en los psicópatas. Son seductores, caen bien. ¿Te acuerdas de Hannibal Lecter? Se podría decir que caía bien, ¿no?
– Hostia tía, no compares.
– Sé que es exagerado, pero lo que te puedo decir es que este chico no tiene capacidad de ver las consecuencias de lo que hace.
– Pero, ¿cómo ha surgido? Porque, aunque los padres hayan tenido sus fallos, hay que decir que se han implicado y que han estado siempre ahí.
– A los padres no hay que achacarles nada. Han puesto toda la carne en el asador, han acudido siempre a pedir ayuda, a diferentes recursos… Pero es un tema orgánico. Posiblemente derive de su nacimiento prematuro.
– ¿Entonces?
– Entonces sólo queda que tú cierres el caso, que al chaval se le contenga con medicación y controlar que no haga nada excesivamente gordo.

A grandes rasgos, os acabo de transcribir la conversación que hace unas semanas tuve con una psiquiatra en una coordinación acerca de un caso que tenemos en común. Como habréis imaginado, se trata del negativo diagnóstico o veredicto acerca de la dolencia mental de uno de mis chavales.

La respuesta me dejó un poco tocado, a pesar de que no es la primera vez que me encuentro con una contestación parecida. La diferencia radica en la actitud con la que lo he tomado en ambas ocasiones. La primera de ellas (hace muchos años y acerca de un caso totalmente diferente, rayano a la marginalidad más absoluta) fue por parte del trabajador social. En aquella ocasión, la respuesta fue que el chaval debía permanecer en un centro cerrado ya que sus continuas actuaciones delictivas eran imparables y sólo mediante el internamiento se le podría proteger a él, a su familia y a sus potenciales víctimas.

En aquella ocasión, Lucce, joven mancebo e inexperto educador, peleó para que no fuera así; luchó por repeler la afirmación del encabezamiento de esta entrada; pugnó por imponer el “Sí se puede hacer algo más” y hay que intentarlo.

Con la perspectiva que dan los años, veo que, si bien era loable mi actitud y que se siguió intentando debido a mi insistencia, aquel “No se puede hacer nada” también tenía su fundamento.

Ahora, aunque hablemos de situaciones totalmente diferentes, no he peleado más, no he insistido más, no he abogado más – como si de un referéndum se tratara – por el SÍ. Ahora, con este chaval diagnosticado como psicópata he decidido finalizar mi intervención socioeducativa, dejarlo en manos de la química administrada pos su psiquiatra y llamarle puntualmente a él y a sus padres para ver cómo sigue.

Porque verdaderamente creo que no se puede hacer nada. Aunque claro, como también estaréis intuyendo, si traigo toda esta historia hasta aquí, es para preguntaros: ¿se puede hacer algo?; ¿me he acomodado con el paso de los años?; ¿se va perdiendo implicación a medida que pasa el tiempo o es producto de un mayor bagaje?; en los casos de enfermedades mentales, ¿es lógico adquirir una postura tan negativa?