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Te Odio

Te OdioEpíteto recurrente en algunos/as de nuestros jóvenes, en cualquier contexto en el que se encuentren: la escuela, su hogar familiar, o centros de acogida. Armandito lleva varios años con nosotros, pero su mente (y en consecuencia, sus actos) están muy lejos de aquí. La psiquiatría lleva tratándole desde los 4 años, sin un diagnóstico claro y conciso; vamos, sin diagnóstico:

– ¿Nos haría falta para algo más que para etiquetarle?
– Pues la verdad, es que no. Ayudar, ayudar, no mucho. Ni para él, ni para los que tratamos de ayudarle.
– La medicación que toma sí le permite estar más tranquilo y controlar sus impulsos, ¿verdad?
– Un día sí, otro día no. A veces pensamos que le rasca la barriga. Además, si a eso sumamos, que en ciertos periodos la ha mezclado con consumos de alcohol y cannabis, pues te chocas contra un joven irracional, autoritario, desafiante, e irrespetuoso.
– Vamos a ver. Vamos a esperar una temporada a ver qué tal, si asume sus actos y reconoce las consecuencias. Porque al colegio, si va, verdad? ¿Ya no se ha vuelto a escapar?
– Pues no. Eso es verdad. Desde que le acompañamos al colegio – como guardaespaldas – no ha vuelto a fugarse. En ese periodo, tan sólo ha intervenido en una pelea a mamporro limpio, junto a otro compañero, grabada con móvil y con secuelas faciales llamativas.

Pasados unos días, buscando ese momento pausado del día, donde puedes atacar en tu intervención:
– Armando, ¿ya sabes que olvidaste la medicación el fin de semana ?
– Si,si,si… Me di cuenta a las 8 de la tarde. Y ya no iba a volver aquí a por ella. Estaba de camino a casa de mi primo.
– Tienes que hacerte mas responsable de tus cosas. Si te la han recetado será por algo. Te ayuda a estar mas tranquilo.
– Bua, bua!! Si ya me ha dicho la psiquiatra que me la va a quitar,

¡Joder y nosotros sin enterarnos! ¿Será otro farol más o, poco a poco, se estará bajando los pantalones de nuevo, como hace 3 meses cuando le presionaba?

– Yo te sigo viendo muy nervioso e impulsivo por momentos.
– Es que aquí me ponéis nervioso. Sólo aquí.

Se muerde la lengua porque ya estaba a punto de atacar e insultar.

– Donde mi primo, me porto bien, y no pasa nada.
– Eso es lo que tú piensas (mientras me acuerdo de los más de 6 meses que no quisieron saber nada de él su familia. Sus dos colegios ya consumidos durante este curso (demanda un tercero), sus denuncias, conflictos de grescas, peleas, discusiones con el resto del planeta tierra)

Pero es su opinión. Y como nos dice habitualmente su psiquiatra, así tiene establecido su orgullo como armadura defensiva (orgullo mal entendido, le apuntamos sus educadores diarios).

– Sí, pero es lo único que tiene – repite la psiquiatra.

A continuación, para describirle hace un símil que me recuerda al que utilizó no hace mucho la menestra Magdalena Álvarez: “Antes roto, que torsio“.

Mientras, en la reunión de equipo, mi compañera Mertxe, comenta que Armandito también la odia: “Buen trabajo, compañera. Bienvenida al club. Eso es buena señal. Significa que no le permites hacer lo que le dé la gana, y por tanto chocas con él, surgiendo el conflicto y pasando a ser la mala, la de los desaires, otra víctima mas del TE ODIO.

Hace unos años, en una cena de Navidades, de esas que siempre hacemos en las empresas o Asociaciones, un compañero educador, (algo altivo para que engañarnos) concluyó la conversación con algo así: “El buen Educador es el que provoca el conflicto. Se anticipa a él, y así lo ve venir. No lo espera“. Años mas tarde, le contesto a aquel compañero, que no. Que eso no se llama educador, eso se llama PROVOCADOR. Ahora bien, el conflicto va a seguir existiendo, y va a seguir surgiendo a diario, por lo que, aprovecho para tomarme mis psicofármacos diarios de: empatía, comunicación, autoridad, asertividad, firmeza, recordando que soy su educador, no su amigo, para irme a trabajar.