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Agüita Amarilla

Agüita amarillaComo hacer de padre y no morir en el intento:

Tarde soleada en el Norte. Acompaño a dos familiares mayores al cumpleaños de un sobrino que cumplió recientemente cuatro años. El niño, en ese proceso de aprendizaje que le corresponde, juega, corre, se divierte con el personal y disfruta regalo a regalo, como si fuese el último. En una de estas, el pequeño, algo intrépido en búsqueda de nuevas experiencias, se acerca a una de las esquinas del Restaurante, y junto a una verja entreabierta por la que se cuela un soplo de aire fresco, intenta colar su apéndice para miccionar. El padre, ávido donde los haya, corre hacía a él y se lo impide. Después de la breve explicación paternal, se lleva del salón al pequeño Jon, mientras éste, entre llantos de frustración, se niega a dirigirse hacia el baño. Podría haber sido una situación más, cotidiana, sin importancia, sino llega a ser por un detalle que vislumbraba todo aquello: El padre le enseña a su hijo a mear en su sitio, no sea que le después por mearle de mayor en la cara.

Mear fuera del tiesto:

Gabi, compañero y amigo (presentado tiempo atrás como el primer padre Educablog) me silba desde el otro lado de la carretera. Mientras hablamos, recuerda que se ha olvidado el expediente de un usuario en el armario de las oficinas de los Servicios Sociales, y le acompaño hasta allí. Por el camino, me cuenta el caso por encima, de un señor de unos 40 años, reconocido en el barrio por su estética, que ha decidido divorciarse de su mujer. Los motivos no parecen claros, pero al parecer es un modo de presionar así a la hija de ambos, rebelde y preadolescente, y de que se conciencie de que la familia no está con ella, ni unidos para educarla, ni protegerla, de seguir con ese comportamiento. En una palabra: El padre se irá de casa si no cambia. Una rocambolesca historia, que no acabo de entender bien, en los 5 minutos que transcurren en contármela. Por la tarde, rumbo a la cita culinaria que el Educablog había concitado en una cervecera de Umbe (Vizcaya), me encuentro al personaje en cuestión abrazado melosamente y paseando por el pueblo, con su mujer, 4 horas después de haberse divorciado de ella.

Como mear en todas las direcciones sin salpicarse:

En la reunión de equipo semanal, se hace una breve disertación sobre casos de menores que se están trabajando en un recurso de Salud Mental, y en el cual también mantenemos coordinaciones y derivación de menores de nuestro hogar. Esta semana se ha hablado en el grupo de trabajo, del caso de un menor llamado Abraham, de 17 años, con graves trastornos psiquiátricos, agravados últimamente por el consumo y reflejados en cambios actitudinales violentos, mezclado con alucinaciones de mesianismo y demoníacas. La exposición diaria de su caso la hace una educadora de referencia, y la acaba complementadola la psiquiatra: “El caso de este chico se debe a una situación de abandono materno en su niñez“. Una de las coordinadoras de las instituciones (y por tanto que dota o no de recursos) hace el comentario de que saben de la existencia de esas dificultades en los casos, en la problemática… pero que lo que hay es lo que no hay: MAS RECURSOS. Se entiende que un hogar de acogida normalizado de baja o media intensidad (eufemismos que detesto utilizar, pero para aclararnos) es lo único que hay, y ahí estará mejor que en cualquier otro sitio. El pasado 15 de marzo, Abraham ingresó en el pabellón de psiquiatría de un Hospital con el diagnóstico de Esquizofrenia y salió 5 días más tarde con Esquizofrenia Paranoide Maniática.