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Magia en el Parque

Magia en el Parque

En un principio, no me decidía a escribir sobre lo sucedido este martes, pero ¡qué carajo! Tengo ganas de compartirlo con todo el mundo que forma el Educablog, ya que aunque tenemos que lidiar con bastantes problemas, sobre todo y por desgracia con los y las adultas que nos rodean y no con los y las chavalas, este pequeño instante, rincón de verdad, imagen grabada en mis retinas lo es todo y por sí mismo da sentido y fuerza a mi intervención como educador social.

Os pongo en situación…

Mi compañera y yo estamos iniciando un proyecto de educación de calle. En un principio, hemos hecho un rastreo para localizar en qué lugares se reúne la juventud y estamos haciendo un análisis de la realidad con la ayuda de los distintos recursos de la zona.

Aún así, nuestra prioridad como educadores, sin desdeñar el conocimiento del medio, es la intervención con jóvenes. Por mi experiencia sé que de ahí viene el verdadero análisis de la realidad, desde dentro y no desde fuera, aunque sean complementarios.

El caso es, que nos estábamos pasando por una céntrica plaza de la población, donde teníamos localizada una cuadrilla de chicos bastante numerosa.

Primero, empezamos a sentarnos en un banco cerca de ellos. Nos miraban con expresión entre extraña y divertida, quizá creyeran que fuésemos secretas…

Así trascurrieron varias semanas, observándonos a media distancia… pero entonces, gracias a que por el azar del destino conocimos a uno de los miembros de la cuadrilla en un CIP, reunimos el valor necesario, y apoyándonos en este chico, decidimos romper esa distancia y sentarnos al lado, codo con codo.

En un principio, hubo caras de extrañeza como de “¿quién narices son éstos?” Pero la verdad es que, en general, fueron bastante receptivos.

En esta fase, estuvimos un par de semanas y a la tercera ocurrió; nos sentamos en el banco frente al sol de media tarde y tras unas conversaciones sobre anécdotas del fin de semana, uno de los chavales se cuadró frente a mí y me preguntó directamente:

“Yo necesito definir nuestra relación, yo veo que vienes todas las semanas, pero exactamente ¿para qué vienes? Necesito que me lo expliques.”

En esos momentos, no niego que me sentí sorprendido, como en el giro insospechado del argumento de una serie televisiva tipo 24, pero la emoción se apoderó de mi interior. Sabía que estaba viviendo un momento mágico.

Todos se callaron y centraron sus sentidos en mí. Todos se hacían probablemente la misma pregunta, pero no se atrevían a expresarla. Tragué saliva y les expliqué, creyendo en cada una de mis palabras, lo que significaba para mí ser educador de calle y mi experiencia en otros municipios como ejemplo de lo que podría suponer para ellos.

Entonces, el ambiente se relajó como si una ráfaga de viento se hubiese llevado toda la tensión. Me hicieron varias preguntas sobre mi trabajo, sobre experiencias curiosas, o sobre problemas que me hubiesen sucedido. También compartieron conmigo experiencias con drogas que les preocupaban, y otras confidencias del estilo, todo en poco más de dos horas y media, intensas, brillantes, mágicas, alegres, potentes… pura magia en la calle…

Podría habérmelo guardado, pero creo que la educación de calle, muchas veces, carece de altavoz y ¿Por qué no usar el del Educablog?

Los educadores y educadoras también hacemos magia, o quizá seamos de los pocos. Sólo hace falta que nos lo creamos más y que nos atrevamos a compartirlo, sin timidez, reparo o falsa modestia.

Abramos el telón y enséñennos que se puede hacer magia, no es ilusión, es Educación Social.

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