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CopyrightY me pongo a pensar, qué puedo hacer con los chavales y chavalas del local. Siempre parecen aburridos, siempre con cara que refleja monotonía. Pero, si les ofreces alguna actividad, rara es la vez que quieran moverse de su estado catatónico.

Siendo así, en una reunión con las educadoras de los locales, comentamos que estaría bien hacer algún tipo de actividad innovadora para romper un poco con la dinámica de dichos locales y moverles un poco.

Hacemos una lluvia de ideas, más o menos brillantes, locas, originales, más de lo mismo, aventureras… y, tras apuntar algunas en una libreta, se nos ocurre hacer una especie de juego.
La idea es crear un material lúdico para tratar diferentes temas de comunicación, sexo u otras áreas que consideramos importante trabajar con ellas y ellos.

Nos ponemos a trabajar en esta idea, con ilusión y con empeño, imaginando un pequeño oasis en el anodino día a día de los locales y después de un trabajo bastante más costoso de lo imaginado, obtenemos un material bastante interesante, el cuál nos proponemos probar, para ver si funciona en la realidad.

Después de probarlo con un par de grupos, vemos que si bien no se trata de ninguna panacea, si es un material muy válido e interesante para trabajar distintas áreas de una manera lúdica y sobre todo, que de vez en cuando nos puede servir para salir un poco de la monotonía a la que nos referíamos.

Es entonces, cuando una de nuestras coordinadoras se entera de nuestro trabajo y acto seguido, no sin felicitarnos por la idea y el trabajo, nos comunica que el material podría tener una vocación más amplia y podríamos desarrollarlo más.

En un principio, nos parece un halago y nos ponemos manos a la obra. Según nos comenta la coordinadora unas semanas después, la idea es pedir distintas subvenciones para poder generar un material para ser usado en otros locales o incluso en centros educativos.

Seguimos trabajando y ampliando el material.

Tras un proceso creativo bastante largo, y después de algunas pruebas más, parece que finalmente, nos van a conceder una subvención importante, lo suficiente como para publicar el material a una escala bastante considerable.

He aquí, que nos enteramos de que después de todo nuestro esfuerzo y trabajo, en la autoría del material, sólo va a aparecer el logotipo de la institución y nuestros nombres no constaran en ningún lugar.

Por un lado, se puede pensar que siendo parte de una institución, y al ser trabajadores de la misma, nuestro trabajo les pertenece enteramente. Pero, por otro lado, creo que un mínimo de reconocimiento es necesario ¿Qué creéis? ¿Y que me decís de quien se atribuye materiales que han realizado otros u otras?

“Que trabajes en una institución, ¿quiere decir que ésta sea dueña de tus ideas?”