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Una de Amor

Una de AmorLa historia arranca hace dos semanas, en una parrillada motivo del cumpleaños de una amiga. Llegamos al merendero en cuestión que estaba a unos 6 km del pueblo cuesta arriba. El lugar estaba bastante abandonado, muchas de las mesas y bancos estaban rotos, las parrillas tenían grasa y suciedad de unos cuantos años y había barrizales provocados en parte por las lluvias y en parte por los quads y las motos que habían elegido ese merendero como campo de pruebas.

Un sitio bastante inhóspito y poco acogedor, aunque, finalmente, no dimos la vuelta porque ya era tarde. Al ir descargando las cosas del coche como auténticos domingueros, vimos que debajo de una tejabana que cubría un par de mesas había un plástico que protegía un colchón, mantas, utensilios de cocina, etc. Nosotros decidimos colocar nuestras cosas en una de esas mesas cercanas porque la verdad eran las que mejor cuidadas estaban. Poco tardo en aparecer el propietario de “la vivienda”, un chico moreno con el pelo rizado que muy educadamente nos dió las buenas tardes, nos hizo un comentario sobre el buen tiempo que hacía y se dirigió a la parte de atrás de las parrillas con su perro.

Allí estuvimos comiendo, haciendo unas risas, bailando y desconectados un poco de la realidad y el curro. He de decir que, en el primer momento, cuando le vi, pensé en curro, (deformación profesional supongo) pero para mí misma dije “basta ya, coño, estás en un cumpleaños, disfrútalo”.

Al tema. Total, que cuando ya estábamos recogiendo para irnos, el muchacho volvió con su perro, se sentó en un banco alejado de su vivienda (nuestro comedor improvisado), como para no molestar. Mi amiga (la del cumpleaños) decidió acercarse a él y ofrecerle toda la comida que nos había sobrado, una cervecita y unos huesos para el perrillo. El aceptó encantado y empezó en ese momento a contarle su historia que yo escuchaba desde la lejanía.

Resulta que el chico vivía allí desde hacía un mes mas o menos porque antes vivía en una pensión, pero un día le robaron la cartera de la chaqueta con los 300 euros que tenía y entonces se tuvo que ir a vivir al merendero. Empezó a contar que no vivía solo, que tenía una pareja desde hacía 6 años que estaba viviendo allí con él.

Pasó después a contar su historia de amor con esta chica, pegándose incluso golpes en el pecho como para hacer más evidentes sus sentimientos. Una historia muy romántica, de cómo una pareja estando en el hoyo trataba de salir a flote, en la que él decía no poder ni querer vivir sin ella.

Estaba preocupado porque decía que había desaparecido hacía dos días, que ella había cambiado de repente y que se fue sin más. Añadió después que ella tenía problemas con el alcohol y que encima unos gitanos la estaban buscando para poco menos que matarla. Se le veía muy preocupado y con miedo. Nos enseñó una foto de ella por si la veíamos, ya que él no sabía cómo buscarla o qué hacer.

Mi pobre amiga no supo qué decir, le dio ánimos y acabo diciéndole que seguramente volvería, que no se preocupase. La verdad es que nos removió bastante el relato de este hombre, ”el amor en estado puro”, y queríamos pensar que su historia era cierta. Pero, otra vez, mi sentido o razón frenaba la emoción. Decidí no hacerles ningún comentario para no ser la que les destrozase la historia.

Con todo, bajamos a tomar algo al pueblo y adivinad a quien me encontré: con solo verla supe que era la chica de la historia. Se trataba de una mujer de mediana edad, con una bolsa de Cáritas, sin dentadura. Poco después me preguntaba a ver si había visto a un gitanito por ahí. Una sonrisa se nos reflejó en la cara; caso resuelto: la subimos en coche hasta el merendero, se reencuentra con su gitanito y el amor triunfa una vez más a pesar de las adversidades. ¡Qué bien! Un final de película, para variar un poco.

Sin embargo, no fue así. Monté junto a mi amiga y con ella en el coche pensando en la alegría que iba a sentir el gitanito cuando la viera aparecer; la mujer estaba contenta de que él hubiera preguntado por ella y quiso saber qué nos había contado. Una vez hubo escuchado nuestro relato hizo varias correcciones. Eran pareja sí, desde hacía seis años. Ella había estado trabajando como limpiadora en un polideportivo de la ciudad bastante tiempo hasta que se le acabó el contrato, se juntó con este muchacho y comenzaron una relación.

Nunca se habían separado, estaban juntos para lo bueno y para lo malo. Pasó unos malos momentos económicos, según ella porque la estafaron y acabó en la calle. Quiso explicarnos también el motivo por el que no tenia dientes (reconocía que su aspecto daba que pensar): utilizó la ayuda que da el gobierno vasco para arreglarse la boca, en alquilar un piso, buscar un trabajo para él, que les ayudase a salir adelante.

Desgraciadamente. todo salió mal y acabaron en la calle. Habían estado en algunos albergues pero les parecían peligrosos y tenían miedo a las enfermedades que, según decía, se pueden pillar allí. Dijo que cobraba la renta básica, así que conocía los recursos y, por lo menos, tenía una trabajadora social asignada.

Parece ser que esos 300 euros que le robaron al gitanito eran la renta básica y que no se los robaron, si no que se los gastó en pastillas que le hacían ponerse mal, según ella. Le pedí que me explicase un poco más eso de que se ponía mal y me contó que su pareja era esquizo diagnosticado, que no tomaba la medicación, que consumía y tenía episodios agresivos, que la pegaba pero era por la enfermedad.

Ella sabía que le tenia que ayudar, que no le podía dejar solo, ni abandonarle a su suerte. Decía que la ultima vez fue hace dos días y la tiró por todo el barro, que ella escapó al pueblo y después se fue a Cáritas para poder ducharse y que le dieran otra ropa.

Mientras, ya estábamos llegando al merendero y mi compañera la dijo: “¿sabes que te puede matar?, ¿sabes el peligro que corres?”. Yo intenté convencerla de que, si realmente quería ayudarle, que delegara en los recursos, que fueran ellos quienes ayudaran a su gitanito y así podrían salir adelante, ya que ella no iba poder hacerlo sola por mucha voluntad que tuviera.

Ella manifestó no tener a nadie más, familia o amigos que pudieran estar con ella en estos difíciles momentos; sólo le tenia a él y sin él, aunque fuera a veces agresivo, no tenía nada. Una vez más comprobamos que importante son los apoyos, compañeros; es muy difícil salir adelante en una situación así sin tener a nadie que te empuje hacia arriba solamente contando con los recursos. Además teniendo en cuenta la saturación existente probablemente su expediente hubierse caído en el olvido.

Bueno el caso es que llegamos con tristeza al merendero, nos era difícil dejarla allí a su suerte a pesar de que esa era su decisión y no nos quedó otra que respetarla y desear que el gitanito por lo menos no volviese a tener un brote, hasta que esta mujer se decidiese a marcharse definitivamente. Mi compañera y yo esperábamos por lo menos ver la sonrisa del gitanito y la emoción al verla llegar.

Nos quedamos con las ganas, compañeros, ya que cuando la vio no se dignó ni a levantarse y mucho menos abrazarla ni besarla (con las ganas que tenia hacía media hora) La miró con frialdad y luego se quedó mirando nuestro coche esperando a que nos fuéramos. Nos marchamos y supimos poco más.

Otra vez, la realidad en estado puro. Qué puñetera es la vida a veces, joder. No sé si es una historia de amor. Lo que está claro es que es una Historia, con mayúsculas que merece ser relatada aquí.

Publicada por: Mer el 21 de Mayo , 2008
Categoria: Vomitonas, Educación Social

7 Comentarios Añade tu comentario

  • 1. el pelanas  |  21/05/2008 a las 10:52 am

    muy buena historia y una verdadera putada a cuenta de la mierda de la especulacion inmobiliaria

    una mezcla de especulacion inmobiliaria (la chica estafada) y drogas/alcohol (el gitano era un yonki (se gasto los 300 euros en pastillas que le hacen ponerse mal, consumia) y la chica ¿alcoholica? (segun el gitano))

    vamos, el futuro mas evidente de la juventud actual: con la mierda trabajos que hay, lo borrachos-drogatas que son (y el dinero que se funden en esto) y el tema de la especulacion-fraude-estafa inmobiliaria veo a toda la gente de mi quinta y un poco mas jovenes asi

  • 2. el pelanas  |  21/05/2008 a las 6:39 pm

    he estado pensando como aconsejaria a esa chica, yo la huviera hecho seria llamar a la policia, ir con la policia demostrandoles a que me dedico, ir con la policia donde el gitano y llevarle a un sitio de desintoxicacion, seria mejor para el y a medida que vaya recuperandose lo entenderia y lo agradeceria (se le quitara el mono definitivamente y se le acabara quitando la esquizofrenia provocada por el mono de las drogas y provocada tambien por las mismas drogas) y mejor para la chica (no la pegara ni gastara su dinero en drogas) y una vez desintoxicado al 100%, podrian volver juntos

    la putada es que justo en el momento en que te lo cuentan no sabes si dicen la verdad o mienten y por lo tanto no puedes actuar de manera certera.

    aun asi, yo iria a la policia contandoles todo, para proteger a la chica

  • 3. mer  |  22/05/2008 a las 12:00 am

    Después de leer tus comentarios, aclararte que esta mujer no acaba en la calle por la especulación inmobiliaria. Hay una historia personal detrás de cada uno de ellos y no hay una única causa para llegar a una situación así y continuar con ella.
    Otra cosa es lo que tu propones que harías( con lo cual no estoy de acuerdo), aclararte que no hay que trabajar en nada especifico para intervenir, la policía te va ha hacer el mismo caso. Pero lo que cuentas a mí me suena a peli americana de sobremesa. Ósea vas con la poli y entre todos convencéis a la mujer en unos minutos de que le deje incluso de que le denuncie. Después en contra de su voluntad ingresas al muchacho en un centro de desintoxicación (cosa que no se puede hacer así sin mas, te informo) o si sigues royo peli pues resulta que le convences y va. Al final son felices y comen perdices.
    Ahora te voy a contar yo lo que es probable que pase haciendo lo que tu crees. Primero tienes que poner una denuncia tú por lo que te ha contado una persona en 15 minutos de viaje, y ya puedes tener buenos argumentos para que se quieran mover a ver que pasa. Vas a llegar allí con la policía y vas hacer que primero se caguen del miedo, la pareja claro. Vas a contar la historia delante de ella y probablemente la niegue, al muchacho a no ser que se este subiendo por los árboles( que entonces vendría una ambulancia le ingresarían en el hospital y en tres días en la calle) como mucho le pueden registraran (seguramente vulnerando sus derechos) mientras tanto la mujer estará histérica pensando el lío que se ha montado porque ella ha abierto la boca con quien no debía y le van a quitar lo único que tiene. Final de la historia, la mujer llorando y defendiendo a su compañero que esta asustadísimo y no sabe por donde le da el aire, la policía cabreada porque ha ido para nada así que les recuerdan que allí no pueden estar y menos vivir asi que ya se están dando el piro tú a quitar la denuncia o a volver a tu casa con la cabeza gacha y por supuesto no les vuelves a ver porque se han pirado del merendero. Las cosas se pueden hacer de otras maneras, a veces se pueden cambiar las cosas y otras no tanto. Todo tiene su proceso intervenir no es tan fácil como parece, la persona tiene que querer ser ayudada no lo olvides

  • 4. tote  |  22/05/2008 a las 8:58 am

    Desde luego, una gran historia, que hace bueno el dicho de que la vida supera a la ficción. Nos deja un sentimiento agridulce, típico de la vida y nos pone los pies en la tierra.
    Yo, sólo espero, que en algún momento, tanto él como ella se dejen ayudar.

  • 5. Yol  |  25/05/2008 a las 8:23 pm

    Buenas, creo que la clave esta en que todos los que nos dedicamos al “mundo de lo social” sigamos siendo capaces de ver en cada historia una vivencia personal y no creamos que es un caso mas de los que acaban en un circulo vicioso de esos que nos producen impotencia cada día.
    Lo bueno del ser humano es que cada uno es irrepetible y creo que soy la primera que a veces lo olvida e intento aplicar formulas “mágicas” para intentar ayudar,..se trataría un poco de el “efecto mariposa” al igual que los acotencimientos les han llevado donde están, me gustaría ser optimista y pensar que un pequeño acto como el vuestro sumado a otros pueden llevar a esta pareja lejos de la desesperación..pero esta es tarea de todos en el día a día cuando nos cruzamos con alguien puede ser definitivo, una mirada, un gesto..no sé no quiero ponerme demasiado sentimentaloide..pero si sigo en este mundillo de lo social es porque todavía creo k las cosas se pueden cambiar..animo y gracias por ser una de esas personas que creen que vivir vale la pena!!! Un beso desde Madrid

  • 6. Asier  |  25/05/2008 a las 11:28 pm

    Bienvenida al Educablog Yol.

    Me atrevería a decir, que la grandisima mayoria de los presentes (compañeros/as de profesion, colaboradores, etc, etc…) estamos en este mundillo, con el objetivo de que “las cosas se pueden cambiar”. Pero, en ocasiones, depende mucho mas de sus protagonistas, y que estos las quieran cambiar.

    Lo digo, desde la seriedad de un adulto con la inocencia de un niño.

    PD: Mer, muy buena historia. Real como la vida misma.

  • 7. Nag  |  28/05/2008 a las 3:55 pm

    Creo que es muy complicado cambiar la vida de ciertas personas cuando llegan a un punto tan decadente…Pero está bien que existan personas que no tengan una visión tan pesimista como la mia y luchen por cambiarlas…

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