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Diario de un Educador: Paseo en Paralelos

Paseo en ParalelosLa brisa, lengua invisible, arremolinaba sus cabellos, que jugaban a difuminar su mirada en un continuo vaivén. Sonia se afanaba en descodificar su panorámica con mano ágil. Yo, a ratos la miraba de reojo mientras hacía como que observaba el barranco profundo de final acuoso y salado.

Como era costumbre, habíamos estado hablando de nuestras agendas diarias, del trabajo de ella….

De mi experiencia con Antonio y las lentejas voladoras, del tiempo, como cualquier conversación que se jacte de serlo, del giro inesperado del argumento de la serie de éxito del momento, de una anciana que se había aferrado a la vida entre los cascotes de su propia vivienda, tras siete días desde que se le cayese encima fruto de un terremoto de 7,2 en la escala de Richter.

Ella apartaba sus mechones rebeldes, dedicándome miradas con interés, que desataban un extraño nerviosismo en mi interior. A ratos, no sabía muy bien de que hablaba, empujado por esa sensación, agarrado al salvavidas de las palabras encadenadas, de la marcha de letras sin fin.

En este extraño juego me hallaba, cuando Sonia me preguntó…

– Oye Alex, y ¿qué tal lo del taller de rol?
– Buenooo… (es que me pilló un poco fuera de juego, la verdad)
– Venga, cuéntame, cómo te lo has currao.
– He intentado hacer una historia imaginativa, basada en el señor de los anillos, aunque como master, se ve mi inexperiencia.
– Y ellos ¿qué tal han respondido?
– Pues, se han apuntado seis chavales, pero la verdad es que no les veo muy a gusto, me empezaron a comparar con el educador que llevaba el taller el año pasado. Que si Aitor lo hacía mejor, que si las batallas eran mucho mejores, que si era un rollo…
– Pero , era el primer día, seguro que a medida que les cojas el tranquillo y te vayan conociendo, te haces con ellos con tu “encanto natural” (con sorna)
– No lo sé, pero me he sentido un poco inseguro y claro está que ellos no me han ayudado mucho. Aún así, intentaré currarme una buena historia, haber si les engancho, pero lo veo complicadete. Aitor debía tener muchas tablas en el asunto.
– ¡No seas agorero! Date tiempo, y verás como lo vas a hacer bien, diferente a Aitor, pero bien. La cuestión es, que los chavales se adapten a ti y que tú te adaptes a ellos y luego ya verás como todo va rodado.
– Te agradezco tu confianza. Tú harías creer a un ciego que sólo ve las cosas un poco más oscuras.
– ¿Y a un truhán, que puede ser hombre de una sola princesa…?
– …

Me dejo sin palabras, hasta creo que me ruborice, y tras unos segundos de plomizo avance, seguí usando mi muleta de palabras encadenadas mientras que Sonia me miraba de reojo entre las ramas que formaban sus cabellos.

Anduvimos por inercia, paralelos a mi cadena de letras y paralelos al precipicio, hasta que nuestros pies toparon con el muro del antiguo faro. Las nubes ocultaban el sol bajo en el horizonte, pero no así sus rayos que asían nuestras retinas hipnotizando nuestras mentes y silenciando mis palabras. Nos sentamos en un destartalado banco, y unidos a esos rayos, nos encadenamos en un sencillo abrazo que en un primer momento desato el nudo de mi interior para dar paso a un gran nudo tras entornar mi cabeza y encontrarme con sus ojos. La brisa había parado mágicamente, congelando ese instante. Dos miradas entrelazadas con el viejo faro engalanado de musgo y grietas como único testigo.

Cerré los ojos, cobarde y entregado al imán de los amantes.

Un beso, rojo, seda y fuego.

Suena mi móvil, un mensaje, lo cojo y miro la pantalla, dónde se dibujan nítidas las letras: MARIA.