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Aceptar mis Límites como Profesional

Aceptar mis límites com profesionalEl jueves estuve en una formación sobre los límites que tengo como profesional. Ana, la dinamizadora, nos comentaba que era muy importante, de cara a desarrollar nuestro trabajo, para no desgastarse y quemar la energía, aceptar los límites que tenemos como profesionales.

Como ejemplo, usamos la figura del jefe o la jefa, es decir, que tenemos que aceptar como es nuestra jefa, aunque no estemos de acuerdo, ya que no tenemos el poder para cambiarla. En este sentido, ella comentaba, que una vez aceptado ese límite, no suponía que renunciásemos a lo que nosotros creemos, sino en darle la vuelta.

Por ejemplo, si nuestro jefe es bastante pasota, podemos tener más libertad de hacer nuestro trabajo como a nosotros nos parezca.

Según Ana, para negociar, hay que aceptar el límite que nos marca el otro, que bebe de su necesidad. Al final, lo que se produce es un choque de distintas necesidades. Yo necesito que los chavales avancen y ella que rellene los datos de la memoria.

En este sentido, de nada vale negar la necesidad del otro. Lo primero es aceptarla, ver cómo puedo darle la vuelta, buscando mi espacio y negociar cómo acercar la práctica a lo que a mí me gustaría para explotar al máximo mis potencialidades.

Dicho así, queda muy bonito, pero no es un proceso nada fácil. Yo mismo, a veces, estoy instalado en el “no”, y me niego a aceptar a mis jefas e incluso a la institución para la que trabajo, pero de esta manera no es posible estar bien como profesional.

Éste es otro aspecto importante que trabajamos. Como educadores y educadoras, muchas veces al no aceptar los límites, tendemos a encerrarnos en nuestro trabajo. Quién no ha dicho algo parecido a “mientras mis usuarios me respondan, me valoren, lo demás me la trae al pairo“.

Según Ana, si sólo nos centramos en esta área, no podemos estar bien como profesionales. Para realizar lo mejor posible nuestro trabajo, necesitamos de otros profesionales, de una buena coordinación, que apoye nuestra práctica, dotándonos y sobre todo dotando a nuestros usuarios y usuarias de más recursos.

Si realizamos nuestra práctica al margen de nuestra institución, sin aceptarla, lo haremos de forma aislada y eso repercutirá negativamente en ellas y ellos. Desde luego, no digo que sea fácil, yo mismo no predico con el ejemplo.

Al final, cuando hablamos de límites en una entidad, estamos hablando de conflicto, de conflicto de necesidades más específicamente.

Pero este es un tema que trataremos el lunes y espero trasladaros mis conclusiones la próxima semana.

Pregunta: ¿Hay que aceptar los límites para poder cambiarlos?

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