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En verano, ¡A la Calle!

A la Puta CalleNo sé si será el caso de algunos y algunas de vosotros, pero algunas de mis compañeras y compañeros, sobre todo las que trabajan en locales de jóvenes, tienen este problema.
Sus programas, según las instituciones, son necesarios durante el curso escolar, es decir, entre octubre y junio y en verano al no ser precisa su existencia, se prescinde de sus servicios.
Dicho así, queda muy bonito, pero la realidad es que están al menos dos meses con vacaciones, pero con vacaciones no pagadas, con vacaciones forzosas.

Por un lado, ellas verbalizan que está muy bien tener esas “vacaciones” largas, pero por otro, como está claro, el no tener un sueldo esos meses, les limita mucho en cuanto a sus planes. Te comentan, que si se quieren ir de casa, cómo lo van a hacer, que tienen gastos y que no les da. Vamos, que muchas de ellas, acaban buscándose un trabajillo para el verano para cubrir ese vacío presupuestario.

Y de todo hay: muchas emprenden la aventura de campamentos, de colonias urbanas otras y si acaso sustituyen algún educador o educadora por las vacaciones estivales en algún centro o quizá una casa de acogida.

Como os haréis una idea, esta situación acaba por cansar a la mayoría. Esa incertidumbre de si seguiremos en octubre o si no contarán con nosotros, que no siempre es seguro, hace que muchas profesionales no se comprometan con el trabajo e intenten buscar mejor suerte en el mundo laboral.

Este es uno de los hechos que hacen que este tipo de trabajos no pase de ser “un trabajo para comenzar la andadura laboral”, una experiencia de paso para acumular horas de vuelo, pero no se ve como un trabajo en el que nos podamos desarrollar laboralmente, y más aún, el trabajo se ve encasillado, sin mucha oportunidad de evolución, al no apostarse por cuidar a los profesionales.

Lo que quiero decir es que si no cuidamos a los profesionales que desempeñan una labor, difícilmente ésta se desarrollará y alcanzará las cotas máximas posibles.

De este modo, cuando año tras año, estas profesionales comparten conmigo sus inquietudes, su desazón e inseguridad, no me queda otro remedio, porque así me lo dicta mi conciencia, que indicarles que se busquen la vida y que miren por ellas mismas.

En algunos trabajos, parece que la inseguridad y la precariedad laboral son intrínsecas a los mismos. Yo creo que no es justo y que las administraciones deberían replantearse la definición de las condiciones de dichos programas, con el fin de potenciarlos y darles la importancia educativa que tienen y que podrían tener en nuestra sociedad.

En verano, no nos eche a la calle, señora administración, en verano busquemos alternativas para potenciar esos locales y proyectos. Porque, lo que ha sido útil el resto del año, ¿no puede serlo en verano?