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Diario de un Educador Errante (II): La Otra Cara de la Moneda

Cara SuciaA falta de estímulos pedagógicos (y siguiendo los sabios consejos de mi hermano Tote de disfrutar cada momento al máximo y olvidarnos por estas fechas de la profesión), las largas demoras temporales en los trayectos y en la rutas, las descargo en el análisis sociológico de la Argentina, como cualquier otro voayeur frustrado que se precie.

Abrazos terminales: En una de las ultimas visitas a Barcelona, me topé de bruces con un señor que colgaba de su pecho un cartel enorme que rezaba algo así: REGALO ABRAZOS. La gente lo miraba atónita y pasaba a su lado, harta perpleja por el mensaje y la forma tan original. La más atrevida se acercaba y gentílmente lo abrazaba. Intercambiaba un cálido abrazo junto con una cómplice sonrisa. No había trampa ni cartón, naturaleza humana en estado puro. Por la parte trasera del cartel, una vez que te despedías del susodicho, podías leer el reverso del cartel, el cual narraba una leyenda de la cantidad de malos entendidos, guerras, disputas… que existen entre seres humanos, por no ejercitar el noble arte del abrazo o la cordialidad, entre otros.

Acá en la Argentina, el deporte rey no es el fútbol, mal que le pese a Lucce y al Loco Gatti, arquero sexagenario de Boca, que gambeteaba como el más grande. El arte patrio es el beso y el abrazo terminal. Lo llamo así porque su uso, aunque no restringido, tiene tintes de deporte nacional, muchísimas mas veces en las terminales, tanto de Aviones como de Ómnibus.

Son las pequeñas cosas que me encantan. Comprobar cómo es posible, con pequeños detalles, empezar a ver el día y la globalidad de las cosas, con afecto, positivismo, cercanía, solidaridad. De esa materia está hecho, al fin y al cabo, el mundo. De las pequeñas cosas: una pequeña fortuna, una pequeña mansión, un pequeño yate, etc, etc, etc… que aclamaba el grandioso Groucho Marx.

Los caras sucias y los pies descalzos: No, no piensen que les hablo de dos grupos roqueros, ni de la ultima campaña naif de Nike. Es la otra realidad del país, cuando cae el telón de la noche, y se despejan las calles de manifestantes, del agro y del Oficialismo. Nadie habla de ellos: ni los unos (oligarcas rurales, repletos de dinero con bastas posesiones de tierras y latifundios); ni los otros (gobernantes oficialistas, que cambiaron el rostro al poder pero no el apellido de la K); pero existir existen.

Reciclan papel, recolectan envases de plástico y reclaman monedas. Todo en el mismo día, y siendo unos niños/as. La universidad de la calle sigue siendo, en muchos países de este diminuto planeta, una escuela difícil de superar y con amplio número de alumnado. En la época de Pinochet, en el país vecino, existía una moneda, que en una de sus caras, tenía la inscripción: “Por la razón o por la fuerza”. Muerto el dictador, esa moneda sigue estando podrida y vigente. Los caras sucias y los niños con los pies descalzos, son eso mismo en esencia: Desheredados a la fuerza. Es la otra miserable cara de la moneda.

Glaciar Perito Moreno a 16 de Julio del 2008.

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