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Valores Relativos

Valores RelativosDías soleados en el Norte. Las lluvias de escasa potencia (sirimiri, por estos lares) han dejado paso a un sol de injusticia (viene mucho y dura poco). Momentos de reflexión para el equipo, y espacio para la conversación amena con educadoras recién llegadas, que comparten nuestro trabajo en época estival. Me lanzo a la primera que tengo, para rebatir desde la distancia (ella desde fuera) nuestra labor educativa (yo desde dentro):

– ¿Qué te parece el trabajo, Mónica? ¿Te lo esperabas así? ¿Compartes la manera en cómo lo hacemos e intervenimos? ¿Cómo lo veis desde fuera?
– Me encanta. Os veo a todos/as súper bien, muy diferentes entre sí, pero complementarios. El equipo se ve fuerte y con criterios unificados.
– ¿Qué es lo que más te gusta del equipo y lo que menos?
– Lo que menos, no le veo ningún desajuste o fallo. Acabo de llegar a esta profesión y todavía no controlo los proyectos desde dentro. Pero si me tengo que quedar con algo, sería con el cinismo, entendido desde el lado positivo. O sea, como intervenís haciendo parecer que no intervenís. En ocasiones con juegos de palabras, o humor lleváis a cabo toma de decisiones educativas.

Al principio, reconozco que no la entendí muy bien. Me quedé con la palabreja de marras (cinismo) y le doté, a mi entender, de una connotación ya de por sí peyorativa. Luego, al cabo de un rato y con las matizaciones, la logré pillar. Entiendo que el humor, la paráfrasis, a veces la hipérbole, incluso la metáfora son, además de recursos literarios, situaciones de contexto cotidiano. La utilización de los mismos con niños/as, en determinados momentos, puede ser muy interesante: primero si te entienden y luego para desdramatizar situaciones violentas o tensas que se dan con la convivencia y las obligaciones.

Frases o muletillas con los chavales del tipo de: “Me encanta este trabajo”, “yes, very well fandango”, “Tengo un cuerpo que no me lo merezco”, “Llamadme Dios, a secas” o gesticular e imitar la carcajada desencajada de Jim Carrey en La Máscara, no son más que recursos para hoy, hambre para mañana.

Lo que realmente me llamó de la conversación con Mónica, fue la asunción por su parte de un valor como el humor o la ironía como recurso de acción, estimándolo yo como relativo y poco relevante para la profesión. Y es que, desde luego, valores absolutos hay pocos en la vida (muchos menos en la Educación Social), y si los hay, nadie se atreve a enumerarlos.

Comprobé que, hablando de una misma cosa, se le pueden otorgar unos u otros valores, dependiendo de donde se mire. Espero que el día de mañana, si nos toca trabajar juntos por una larga temporada, nos pongamos de acuerdo en priorizar y marcar objetivos/acciones/valores. Más que nada, por no volver locos a los menores.

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