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Educación Social: Concesionario Oficial S.L.

Educación Social: Concesionario Oficial SLPor fin se acaban las vacaciones y con ellas regresa la Operación Retorno. “Tú nunca has acabado de regresar“, me dicen mis amigos y familiares más cercanos, en tono jocoso. Cierto o no (Educablog es un fiel reflejo de que ciertamente he pululado por aquí), la única verdad es que a la vuelta me he reencontrado con nuevas y mejores anécdotas profesionales.

La idea del artículo me surge cuando, al revisar algunos de los diarios de trabajo que mis compañeros y un servidor rellenamos continuamente para estar al tanto del día a día, me viene a la mente uno de mis desproporcionados e hilarantes paralelismos: La Educación Social me recuerda a un taller de coches. Entran coches nuevos al taller, se reparan los viejos, cambio de aceite a uno, filtros a otros, revisión periódica, etc, etc…

No se trata, ni mucho menos, de deshumanizar o cosificar a nuestros usuarios, pero sí que suele ser común, tener etapas o periodos de tiempo concretos donde brota una especie de mecanización o automatismos, que más recuerdan a las cadenas de producción del viejo Fordismo, que a una relación profesional y multidisciplinar con personas.

El Señor Roca es bastante raro. Tiene alucinaciones hasta el punto de ver cosas que nadie ve, o hacer que las ve. Es agresivo y primario. Se expresa con muchísima dificultad. Con tanta que sólo pronuncia una palabra y apenas se comunica con el resto de humanos. El historial familiar es de aúpa, y su infancia, con toda probabilidad, no ha sido todo lo idónea que deseáramos y hubiese hecho falta. Además, se suma que su historial médico también está repleto de ingresos, anomalías funcionales, cuadros clínicos de asma y dificultades respiratorias. No ha sido una persona feliz ni sana, en dos palabras.

Estos días atrás, un buen compañero mío (mejor persona y educador) le acompañó al Centro de Salud. Después de un chequeo rápido y auscultación pertinente, la doctora le hizo entrega de más recetas médicas. En esas, aprovecharon la ocasión para departir e intercambiar información acerca del paciente.

Al llegar al hogar mi buen compañero, hizo las aseveraciones y reflexiones pertinentes, de cómo podríamos afrontar en breve ese caso, para encontrar la mejor manera de ayudarle. En ese diagnóstico de necesidades, abogaba por un seguimiento y trabajo logopédico y psicológico con el Señor Roca. Siempre desde el respeto profesional que nos une (súmenle también parte de afecto personal), yo no estoy de acuerdo con él.

Mi diagnóstico es totalmente distinto: Yo defiendo la tesis de la Prudencia y el Tiempo. Prudencia porque el señor Roca acaba de entrar a formar parte de nuestra familia educativa hace 48 horas y apenas manejamos datos y conocimientos reales de multitud de variables y elementos vitales que confluyen en la persona (familiares, ambientales, sociales, escolares, etc, etc…) y Tiempo porque el señor Roca tiene apenas 2 años y 8 meses, y sin llegar a ser un locuaz tertuliano de La 2, necesita ese preciado tesoro para desarrollar las aptitudes cognitivas y lingüísticas necesarias para su vida adulta.

Si no le concedemos al menos esa posibilidad al niño, es muy probable que volvamos al síndrome de cambiar ruedas, mirar niveles, calibrar la dirección, cambiar filtros, poner fusibles…