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Vuelta a lo Sencillo

Vuelta a lo sencillo

Tras el esperado periodo de vacaciones, algo nuevo llevo en mi mochila, en concreto, una reflexión que quiero compartir en el Educablog.

Os pongo en situación. Una parte importante de mi descanso lo he pasado en un pequeño pueblo de Zamora, de los que pasarían al olvido si no lo cruzase una carretera nacional.
El pueblo dispone de su club social, su único bar y su ultramarinos, con las calles que alguna vez estuvieron debidamente asfaltadas y con kilómetros de campos sembrados de cereal y girasoles, sólo rotos en su tranquilidad por los rebaños de ovejas que se resisten a desaparecer por completo.

En este marco, sitúo mi pincel y os cuento cómo es, más o menos, el día a día en esta localidad.
Te levantas de la cama con la leve preocupación del desayuno, cruzas el corral y te dispones a saciar tu necesidad. Ya has tenido el primer contacto con la calle. Y es que la mayor parte del día la pasas en contacto la misma.

Aquí, todo se simplifica, es como si todo volviera en parte a su esencia. Así, las relaciones personales, son más directas, sin artificios, envoltorios, ni enrevesados recargos. No oiremos hablar de la acertada fotografía de la última película de los hermanos Cohen, ni de la influencia del la música Folk balcánica en el último disco de Coldplay. Hablaremos del tiempo, de cómo viene la cosecha de tomates este año, o de la boda de la hija menor de la Paca.

En estos pueblos, también resulta curioso el tema familiar, ya que las distancias se acortan. Y no lo digo porque vivamos más cerca. A veces compartimos pueblo con distintos familiares y rara es la vez que coincidimos o por lo menos no lo hacemos tanto como se podría esperar.
Pero aquí, todo el mundo se reúne aunque sólo sea antes de cenar para charlar sobre las pocas novedades del día, en torno a un vaso de clarete si es menester, o simplemente se sientan el uno junto al otro sólo estando, sin abrir la boca, largos periodos de tiempo.

En un principio, te puede chocar, te pueden parecer gentes rudas, secas e incluso mal educadas. Pero después de pasar esta fase, te das cuenta de que son honradas, amables, trasparentes, y “de verdad”.

Otra de las cosas que cobra una importancia central es el tema de comer y beber. Que también lo encontramos en nuestro día a día, pero aquí se antoja más natural, más directo. Por ejemplo, un día surgió la iniciativa de tomar el vermú después de misa. En un santiamén, nos organizamos: caballetes, tableros y cada uno traía algo de picoteo de su casa.

Y no creáis que todo se reduce a descansar, comer y demás. También hay obligaciones, no deja de haber cosas que hacer; que si reparar una pared, que si aislar un tejado, que si hacer labores en el huerto. Todos arriman el hombro y un día le echas un cable a uno y otro día te echan un cable otros a ti.

Ya os digo, al final, analizado fríamente, no deja de ser como la vida que tenemos día a día pero más sencilla, sin necesidad de nuevas tecnologías, de preocupaciones artificiales y complicadas. Eres consciente de que al final lo importante es lo sencillo. Somos instintos, necesidades básicas, respirar, sentir.

En estos días, me he sentido muy a gusto, conversando sobre la cosecha, sobre lo ricos que le han salido los chorizos a la tía Petra y dando paseos sobre el interminable horizonte de tonos rojos y ocres.

Quizá habrá quien me diga que todo esto lo podemos tener en el lugar que sea que vivamos, pero yo honestamente debo admitir, que no he sido capaz de darme cuenta de la importancia de lo sencillo en este río de vidas que complicamos y enmarañamos, alimentado por el bombardeo constante de información: imágenes, sonidos, consumo, “avances”…

El tiempo pasa muy rápido y casi no nos da tiempo a pararnos a pensar, a pararnos a disfrutar de lo que estamos viviendo.

¿Será posible la vuelta a lo sencillo?

No lo sé, pero algo he de aprender de lo vivido.

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