Tags

Related Posts

Share This

Gora San Fausto!!

Gora San Fausto!!

En estos últimos coletazos del verano, se celebran las fiestas patronales de mi pueblo. Son un cruce entre celebración cañí y viejas historias atávicas de vascos llegados del bosque. La diversidad rezuma por los cuatro costados, a pesar de que algunos/as en su día, las intentaron politizar.

Comparsas con vestimentas rurales alegrando las calles. Lonjas reconvertidas en pubs trasnochados donde se puede degustar libremente el caldo por antonomasia: el zurracapote; y cabezudos danzando en la plaza del pueblo al unísono que varios boronos de gimnasio y algunas mozas rollizas, compiten por el cetro municipal de la sokatira.

Nada me inspira trabajo. Nada me huele a profesión… hasta que me encuentro el afamado cuadro de Velázquez (el de la foto) en versión juvenil. También portan entre sus enseres, una placa enladrillada de color marronacea, que poco o nada tiene que ver con el noble arte de la construcción. Bueno, sí: construyen chimeneas con él.

El mayor de los cuatro no supera los 15 años y ya estaba fichado por la Interpol personal del reino. Se mueve con desparpajo, habla con chulería y demanda cosas (mechero, un piti…) con gesto altivo. Dos horas antes ya le había calado, intentándole reventar la función a un artista de teatro de calle. El más pequeño, confunde su estatura física (1,40 m) con estatura personal o de valía.

Les acompañan, testimonial pero influyendo notablemente en su comportamiento, dos conocidos del barrio con problemas de toxicomanías, ya entrados en los 40. El corazón se me va acelerando poco a poco, y empiezo a vislumbrar intervenciones y conversaciones a pie de calle. Las compañeras de comparsa que me acompañan, me ven venir y preguntan por la escena.

No soy ejemplo de nada ni de nadie, pero entiendo que hay cosas que no pueden quedar en la indiferencia, ni en la desidia. Me fui a por los teenagers y les expliqué que no iban a conseguir alcohol en mi cuadrilla. Que se cuidasen un poco, que aún les queda mucho por delante. Salí del local y me fui a por los adultos. Les expliqué que, por favor, no les dieran bebidas ni porros a los chavales. Que no los metiesen en la rueda ni los tratasen de colegas, porque no lo eran: podían ser incluso sus hijos.

Veinte minutos más tarde, los jóvenes se marcharon camino a las cumbres, donde ya no había fiesta. Quizás les jodí el rollo esa noche, pero creo que les estaba ayudando. Mañana seguirán paseándose por el pueblo con la placa a cuestas, intentando conseguir el ansiado tesoro del alcohol que algunos/as desaprensivos les negamos. Los dos mayores, cual Max Estrella y Don Latino, prosiguieron con su particular ronda por las tabernas de Picalagartos. Aún no saben, que una compañera suya de 37 años, murió frente a la indiferencia de todos/as, 500 metros más abajo de donde se encontraban.

¿Que continúe la fiesta?